LIDERAZGO EN TIEMPOS DE CRISIS

Está en cartelera, aunque solo en Lima, «Las horas más oscuras» (“The darkest hour”), última película del director británico Joe Wright, basado en el libro homónimo del neozelandés Anthony McCarten, que aborda los primeros  días de Winston Churchill como Primer Ministro de Reino Unido en los inicios de la Segunda Guerra Mundial. Más que una historia de guerra, se trata de una reflexión clara y sencilla sobre el liderazgo político democrático en tiempos inciertos, muy oportuna para el Perú de los últimos meses.

LIDERAZGOS IMPROBABLES

No estamos ante una historia bélica ni ante el canto de epopeyas colectivas o actos heroicos individuales. Como pocas veces, la narración está centrada en los entresijos de las decisiones políticas de la burocracia parlamentaria inglesa y en los pequeños juegos de poder de los que la Historia casi no se ocupa por enfocarse en los resultados trascendentes. Tanto en el libro como en la película, en cambio, podemos observar cómo en medio de la mayor crisis de la historia de su país y de un pesimismo justificado por lo que se veía como una inminente derrota frente a la maquinaria perfecta de guerra alemana, un hombre que llega al cargo por descarte y no necesariamente por mérito fue capaz de convertirse contra todo presagio en el líder de su pueblo y en el “mejor británico del siglo XX”.

Sorprende también cómo ese hombre termina por representar políticamente a la gran mayoría de sus compatriotas, pese a que guarda con ellos una profunda desconexión tanto en lo político como en lo vital. En efecto, al asumir el cargo Churchill tiene todo para no representar ni entender al grueso de sus gobernados. Señorito de la aristocracia, se ha criado prácticamente en un castillo de cristal, con una educación estricta y de altísimo nivel accesible solo para los privilegiados. A sus 65 años ha dependido toda su vida de sus sirvientes, “sabe cómo cocinar un huevo porque ha visto a otro hacerlo”, nunca se ha subido a un bus o a un metro ni ha tenido necesidad de hacer compras en el mercado, entrar a una fábrica o a un hospital. En suma, carece de la empatía suficiente para entender los problemas de la mayoría de sus gobernados y por tanto para identificarse con ellos y aportar soluciones que tomen en cuenta sus voces.

Pero además como político —su vocación más intensa y prematura— ha sido un fracaso y así es visto por el Rey y sus colegas, quienes se resisten hasta el final a darle el enorme poder de dirigir al país en medio de una guerra a todas luces perdida y que parece exigir a un hombre con mejor criterio y experiencia. Hasta entonces, Churchill se ha equivocado en casi todas sus decisiones en su extensa vida de hombre de Estado. Se le atribuye el histórico fiasco en la Batalla de Galípoli (conocida también como de los Dardanelos), en que el ejército inglés a su mando perdió, sin lograr ningún objetivo, a 250,000 soldados durante la Primera Guerra Mundial. Se desconfía además de su carácter imprevisible, su ego inmanejable, su velado alcoholismo. Solo tiene a su favor el haber sido el único miembro del gabinete de Neville Chamberlain (a quien sucederá) que advirtió, casi siete años atrás, del peligro del ascenso al poder de Hitler y que ha mantenido una posición belicista contra la Alemania nazi, discordante con la del gobierno, más preocupado en lograr un acuerdo de paz que le evite a Reino Unido entrar en guerra, lo que hoy claramente se ve (pero entonces no tanto) como un despropósito.

DECISIONES EN TIEMPOS DE CRISIS

Los tiempos difíciles ponen a prueba y sacan lo mejor y lo peor de países, sociedades y personas, y en ellos lo que parecía improbable en épocas de calma se vuelve hasta deseable. Apoyado por la oposición, Churchill se convierte en Primer Ministro con el encargo de salvar al Reino Unido, pero solo promete “sangre, sudor y lágrimas”. Debe primero convencer a los propios miembros de su gobierno de que su visión es la correcta. Lo hará casi en solitario en medio de fuertes presiones de la aristocracia, los políticos y el mismo Rey para forzar un acuerdo de paz con los nazis. En cambio, tendrá el apoyo del pueblo, que se ha convencido, antes de que él mismo lo estuviese, de que la única forma de sobrevivir es peleando y venciendo. A él recurrirá el nuevo premier para sostener sus posiciones y para entregarse a una esperanza que al inicio parece absurda.

Logrará implantar su política de guerra a pesar del avance incontenible de las tropas alemanas sobre Europa y del peligro real que corre todo el ejército inglés de ser desaparecido si no logra zarpar de Dunkerque hacia tierras inglesas. Es la operación «Dynamo», sobre la que Christopher Nolan hizo una magnífica película estrenada el año pasado (y comentada en esta página el 7 de agosto de 2017), que conecta perfectamente con esta historia que se cierra justamente en el inicio de dicha operación, cuando Churchill es aclamado en el Parlamento al dar el discurso que cambiará el rumbo de la historia inglesa y la del mundo: « Llegaremos hasta el final; lucharemos en Francia; lucharemos en los mares y océanos; lucharemos con creciente confianza y creciente fuerza en el aire; defenderemos nuestra isla, cualquiera que sea el coste; lucharemos en las playas; lucharemos en los aeródromos; lucharemos en los campos y en las calles; lucharemos en las colinas; nunca nos rendiremos…».

LOS LÍMITES DE LA DEMOCRACIA

Siempre que se lo preguntaban, Jorge Luis Borges solía decir que para él la democracia es un abuso de la estadística o una superstición basada en la estadística. Decía de ella que no creía que tuviese ningún valor. «¿Usted cree que para resolver un problema matemático o estético hay que consultar a la mayoría de la gente? Yo diría que no; entonces ¿por qué suponer que la mayoría de la gente entiende de política?» Sea que usted lea el libro o mire la película sobre los intensos  días que van desde el ascenso de Churchill al premierato de su país hasta el inicio de la operación «Dynamo» en Dunkerque, podrá notar que a veces Borges podía equivocarse.

La democracia puede ser a veces hasta un acto de fe. A lo largo de siglos las sociedades, en especial las occidentales, han llegado a convencerse de la valía de contar con un sistema político con varios estamentos que se controlan mutuamente y en el que el poder originario siempre emana del pueblo. Este, conformado por hombres y mujeres falibles e imperfectos, al fin y al cabo, suele equivocarse y lo ha hecho muchísimo a lo largo de los escasos miles de años de historia de la humanidad. Pero a veces, sobre todo cuando es puesto a prueba, el pueblo acierta y toma decisiones que cambian su rumbo para siempre y que a veces lo salvan de la barbarie o de la desaparición. La posibilidad de que en tiempos aciagos eso finalmente ocurra es el acto de fe sobre el que se funda en buena parte nuestra creencia en el sistema democrático, especialmente en países complejos como el nuestro.

Pero el pueblo es un concepto indeterminado, sin forma. Necesita de canales que lo concreten, y en eso son fundamentales los liderazgos personales vinculados con liderazgos sociales y políticos. La democracia necesita líderes. Y en periodos inciertos necesita a sus mejores hombres y mujeres. La historia inglesa de esos días de mayo de 1940 demuestra que esos liderazgos pueden venir de cualquier lado, inclusive de quien menos parece estar destinado a ello. Las sociedades siempre guardan dentro de sí a las personas que tienen la capacidad de hacerla avanzar o de salvarla, incluso. Nos corresponde permitir y promover que esos liderazgos aparezcan. Los tiempos actuales, aquí, en nuestra región y en nuestro país, son también tiempos de crisis con la capacidad de incubar sus propias soluciones.

(Publicado en el suplemento dominical SEMANA del diario EL TIEMPO de Piura el 28 de enero de 2018).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s