CONTRA EL GOLPE DE ESTADO PARLAMENTARIO

Hay un golpe de Estado en marcha desde el Congreso. Del mismo modo que lo hizo Alberto Fujimori, hoy de nuevo el fujimorismo utilizará un poder elegido democráticamente para traerse abajo el sistema democrático.

Como en el pasado sus objetivos son subalternos y muy similares: encubrir delitos y cometer nuevos. Para eso también siguen una estrategia contra el Ministerio Público, el Tribunal Constitucional y el Poder Judicial, que como nunca antes en la historia llevan adelante investigaciones que podrían, esta vez por fin, acabar con la casi inexorable impunidad a la que ya nos habíamos acostumbrado no solo en el caso de Keiko Fujimori y el Partido Aprista sino en el de casi todos los partidos políticos vigentes. En ese contexto, igual que en 1992, el fujimorismo pretende aprovechar la debilidad y el descrédito de sus adversarios políticos como excusa para patear el tablero.

Porque no hay razón constitucional para vacar al Presidente. En primer lugar, porque en un sistema de gobierno presidencialista como el nuestro el Presidente de la República tiene una protección máxima cuyo fin es salvaguardar la voluntad popular que lo hizo Jefe del Estado y personificación de la Nación. Por este motivo durante su mandato solo puede ser acusado (y por consiguiente procesado con un debido proceso) por actos de traición a la patria y contra la voluntad popular (impedir las elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales o municipales; disolver el Congreso indebidamente, impedir su reunión o funcionamiento, o los del Jurado Nacional de Elecciones y otros organismos del sistema electoral). Si no puede ser acusado por ningún otro motivo, es inconstitucional (ilógico y contrario al sentido común) que pueda ser vacado (que es peor que ser acusado) por actos de menor gravedad porque eso vulneraría de modo flagrante la voluntad popular que lo puso en su puesto. No debe olvidarse que el respeto a esa voluntad es presupuesto del funcionamiento del sistema.

En segundo lugar, porque el Presidente no se encuentra en ningún supuesto de incapacidad moral permanente. El espíritu de la Constitución y nuestra tradición constitucional demuestran que esta vacancia solo debe aplicarse en casos extremos en los que sea imprescindible destituir al Presidente para superar una crisis que ponga en riesgo a la Nación. El antecedente más claro es la fuga y posterior renuncia ilegal por fax del expresidente Fujimori. Nada de eso existe en el caso del Presidente Kuczinsky. Ni la Nación está en peligro ni el acto por el que se le acusa ha sido suficientemente investigado como para demostrar ese peligro. Ni siquiera hay certeza de que lo que hizo fuese ilegal o delictivo. Corresponderá investigarlo, por supuesto, y sancionarlo vencido el plazo de su mandato. Vacarlo en las circunstancias actuales es un manifiesto golpe de Estado para cuya ejecución los votos mayoritarios de los congresistas golpistas, es decir, la pura arbitrariedad, pretenden reemplazar a la Constitución, a la ley y a la voluntad popular.

No debemos dejar que un partido político de vena antidemocrática tenga éxito. Urge una movilización ciudadana en las calles que le haga saber a todos los golpistas y dubitativos del Legislativo y del Ejecutivo (en este último poder también los hay, según lo últimamente visto) que solo merecen nuestro repudio. Asistir a la marcha convocada para el día de hoy 20 de diciembre es un paso importante. Pero al mismo tiempo debemos usar los instrumentos jurídicos de defensa de la Democracia: acciones de amparo para parar este despropósito cautelarmente, invocación de la Carta Democrática de la OEA, y otros recursos parlamentarios.

Y pasada la tormenta debemos movilizarnos para reformar de raíz el actual sistema de partidos políticos que permite y casi garantiza que los cargos públicos sean asaltados por los mismos o nuevos delincuentes.Por demasiado tiempo los ciudadanos de bien, que somos la inmensa mayoría del país, hemos dejado la Política a cargo de una camarilla de oportunistas, advenedizos, mercantilistas y corruptos. Lo que nos está pasando hoy también es nuestra responsabilidad.

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