«ACUSADOS», #PerúPaísdeVioladores

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«Acusados» («The accused») es el título de una película de 1988 de la Paramount Pictures con la que la formidable Jodie Foster ganó su primer Oscar a mejor actriz. Dirigida por Jonathan Kaplan y escrita por Tom Topor, narra la búsqueda de justicia de una joven mujer violada sexualmente por un grupo de hombres en un bar de juegos, a vista, paciencia e incitación de otros hombres. El machismo de una sociedad entera como causa y telón de fondo de esa violación es de una pasmosa actualidad en el mundo y en nuestro país.

Machismo y violencia sexual en Hollywood

En efecto, Hollywood ha sido estremecido por dos reportajes publicado en el The New Yorker y el The New York Times que dan cuenta de que uno de sus miembros más importantes, el influyente productor Harvey Weinstein, venía acosando sexual y sistemáticamente durante décadas a un número indeterminado pero extenso de mujeres, abusando de su enorme poder. Se trata de un estremecimiento hipócrita, pues tal como se han visto obligados a reconocer diversos personajes  como Matt Damon y Quentin Tarantino, la conducta de Weinstein era de público conocimiento, al menos entre la gente del medio. Incluso mujeres de primera línea como Angelina Jolie, Gywineth Paltrow y Lupita Nyong´o han denunciado recientemente que ellas también fueron acosadas en sus inicios por el productor. Meryl Streep, Judi Dench, y una larga lista de profesionales de altísima reputación vinculados profesionalmente con la Weinstein Company han emitido comunicados de repudio contra el agresor y han debido pedir disculpas públicas por no haberse dado cuenta de la situación o no haber actuado oportunamente para impedir que continuase.

El golpe encajado por la prensa independiente ha forzado a la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos de Norteamérica a anunciar, de boca de su Presidenta Cheryl Boone Isaacs, la expulsión de Weinstein del gremio, así como la adopción de protocolos, normas y acciones para prevenir, identificar y contribuir a sancionar desde el futuro inmediato acciones similares. Estas medidas, sin embargo, serían tibios intentos de aplacar a la opinión pública frente a lo que a todas luces parece ser el inicio del develamiento del infierno que soportan muchas mujeres de Hollywood. Una reciente denuncia formulada por 38 de ellas contra el director y guionista James Toback, quien habría usado la misma “metodología” de Harvey Weinstein, podría ser el inicio de un torrente hasta ahora contenido por el miedo, la vergüenza, el machismo naturalizado, la falta de una institucionalidad de apoyo a las víctimas, entre otras razones. Una medida más importante es la adoptada por el Fiscal del Estado de New York, que ha iniciado una investigación para determinar si la empresa del productor puede ser procesada por discriminación sexual.

Machismo y violencia sexual en el Perú

Ajeno al brillo de las estrellas de cine, nuestro país posee sus propias narrativas de violencia contra las mujeres, tal como lo prueban la violación sexual contra una censista mientras cumplía con su labor el domingo pasado, las expresiones de la expresidenta de la Comisión de la Mujer del Congreso de la República responsabilizando a las mujeres de la violencia que los hombres ejercen contra ellas, y la andanada de comentarios misóginos repudiables de trolls y “líderes” de opinión que actúan como tales, rechazando de un modo estúpidamente patriótico el uso en redes sociales de la etiqueta #PerúPaísdeVioladores.

Aunque duela a todos y exacerbe a algunos desorientados que valoran más la “marca país” que la vida e integridad de una mujer, es válido llamar país de violadores a aquel que registra uno de los mayores índices mundiales de violación sexual contra mujeres, uno en el cual nueve adolescentes mujeres son violadas cada día, en el que catorce niñas de nueve años y cinco de nueve años tuvieron un hijo de su violador durante el 2016. Hay más cifras de infamia: el 80% de las violaciones sexuales ocurre contra mujeres menores de 18 años y principalmente entre los 14 y 17; el 20% de presos (entre procesados y sentenciados) están acusados de violar sexualmente a una niña o adolescente, lo que convierte a este delito en el segundo más frecuente, solo superado por el robo agravado; uno de cada tres agresores sexuales mantiene vínculos cercanos con su víctimas. En los casos de feminicidio el 94% de los criminales justificó su delito en la conducta de su víctima (celos, infidelidad, conducta inadecuada, negativa de continuar la relación o a mantener relaciones sexuales), del mismo modo que la congresista piurana García Jiménez lo hizo, no desde una cárcel sino desde la sede de un Poder del Estado, haciendo mal uso del mandato, presupuesto y vocería que el voto popular le dio.

El acoso, la violencia sexual, el feminicidio y toda forma de violencia destruyen a diario miles de vidas de mujeres, adolescentes y niñas, pero también la de su entorno familiar. La violencia contra la mujer, sus causas y efectos, no puede seguir siendo tratada en ningún nivel como un asunto privado. Se requiere de una conjunción eficiente de esfuerzos que implican al Estado y a la sociedad. Hay mucho por hacer a nivel policial, fiscal y judicial para brindar medidas de protección oportunas capaces de salvar vidas, para mejorar la eficacia de las investigaciones, para capacitar a los operadores de justicia y en suma para evitar la impunidad.

Pero es imprescindible, además, trabajar en la prevención y en un cambio cultural que deje atrás costumbres machistas fuertemente arraigadas. Para que la etiqueta #PerúPaísdeVioladores deje de tener sentido es necesario que los niños y las niñas crezcan sabiéndose iguales y respetándose como tales, que caigan viejos prejuicios que nos siguen hablando de características masculinas superiores y femeninas inferiores. Para desnaturalizar la violencia debemos primero desnaturalizar esta desigualdad entre hombres y mujeres que cargamos como un ancla que nos sujeta al subdesarrollo. Para dejar de ser #PerúPaísdeVioladores hay que reconocer que el mundo nos ve como si lo fuésemos y que en muchos sentidos esa generalización (malsana en otras circunstancias) es un estigma que nos plantea un reto: dejar de serlo (o dejar de parecerlo).

«Acusados»

En «Acusados», Jodie Foster es Sarah Tobias, una mujer solitaria que trabaja como mesera, a la que suele irle mal en el amor y que luego de cada fracaso retoma su vida de juerga y alcohol. Un día de esos entra a un bar donde la mayoría de clientes son hombres, se embriaga y se pone a bailar lentamente, sola. Esa actitud es asumida por varios de los presentes como una incitación al intercambio sexual y lo que pudo quedar en un mal rato para ella termina en una violación múltiple de la que ninguno de los violadores se siente culpable. Llevados a juicio gracias al valor de Tobias y al apoyo de su abogada, todos se defienden acusándola de provocarlos, construyendo su alegato de defensa con cada uno de los prejuicios y sinsentidos de un machismo del siglo pasado que todavía se niega a irse del Perú y de buena parte del mundo. Luego de lograr que sean sancionados, venciendo las dudas de la opinión pública y el jurado que los juzgó, un incidente la hace darse cuenta de que los violadores no son los únicos culpables y decide llevar a juicio también a quienes sin haberla violado directamente, incitaron el hecho o simplemente se quedaron como espectadores, sin hacer nada. La historia de ficción recrea una historia de la vida real que hace notar a muchos de quienes la ven que una mujer jamás es culpable de la violencia que se ejerce contra ella; que siempre la culpa es del agresor y también de quienes no hacen nada para defenderla. Y de quienes inculcan y reproducen un machismo absurdo a la mayoría de sus miembros, especialmente a los más jóvenes.

Educación, feminismo, cultivo de la convicción de que las niñas, adolescentes y mujeres deben ser tratadas como iguales a los hombres en todo sentido, erradicación del machismo, pero también de la impunidad frente a la violencia, entre otras, son tareas ineludibles para dejar de parecernos a ese Hollywood hipócrita en el que casi cada uno de sus miembros dice ver recién al elefante que durante años tuvo frente a sus ojos. Igual que en el Perú.

(Publicado en el suplemento SEMANA del diario EL TIEMPO de Piura el 29 de octubre de 2017.).

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