BLADE RUNNER 2049

«Blade Runner», dirigida por Ridley Scott, tuvo un tibio recibimiento de público en su estreno en 1982, aunque con los años terminó haciéndose de culto, es decir, de esas películas que muchos alaban sin siquiera haberlas visto. La «Blade Runner 2049», de Denis Villeneuve (y producida por Scott) guarda, al mismo tiempo, parecidos y diferencias sustanciales con su predecesora, pero tiene lo suficiente como para seguir expandiendo ese culto, aunque le esté yendo igual de mal en la taquilla.

El DIRECTOR

Dennis Villeneuve (Trois-Rivières, Quebec, Canadá, 1967), que acaba de cumplir 50 años el 3 de octubre, inició su actividad audiovisual en 1990, a los 23 años, y recibió su primer premio a los 27 (en el Fetival de Locarno por uno de sus cortos), aunque su primer largometraje («Un 32 de agosto en la Tierra») lo estrenó ocho años después, en 1998, con un importante éxito de crítica: fue seleccionada en la sección «Una cierta mirada» del Festival de Cannes y postulada por su país al Oscar a mejor película extranjera, aunque se quedó en la primera ronda de nominaciones. Similar éxito obtuvo su segundo largo, «Maelstrom» (2000), premiada en los festivales de Toronto y Montreal, y por la Academia canadiense de cine y televisión, que le entregó cinco premios Genie, entre ellos los de mejor película y director. Nueve años después y con dos cortometrajes en el medio («120 segundos para ser elegido», 2006; y «Siguiente piso», 2008), volvió a repetir premiación con «El politécnico», basada en el asesinato real de catorce mujeres en el Politécnico de Montreal en 1989 a manos de un terrorista de 25 años que luego se suicidó. Fue su consagración en la cinematografía de su país.
Pero fue con «Incendios» (2010), adaptación de la obra de teatro del mismo nombre, nominada al Oscar y al Bafta en la categoría de mejor película de habla no inglesa, que su prestigio se hizo internacional, lo que le permitió grabar su primera película en Hollywood («La sospecha», 2013), protagonizada por Hugh Jackman, Jake Gyllenhaal y Viola Davis, y nominada al Oscar a mejor fotografía. Posteriormente dirigió «Enemigo» (2013), basada en la novela «El hombre duplicado» del Nobel portugués José Saramago, y protagonizada por Jake Gyllenhaal, Mélanie Laurent e Isabella Rosselini.
Su consolidación internacional empezó con «Sicario» (2015), thriller policial sobre el mundo del narcotráfico protagonizado por Emily Blunt, John Broslin y Benicio del Toro, seleccionada en la sección oficial de Cannes y nominado a tres premios Oscar. Su penúltima película «La llegada» (2016), protagonizada por Amy Adams, es una historia de ciencia ficción sobre una aparente invasión alienígena que motiva la necesidad de los líderes mundiales de comunicarse con los recién llegados. Por esta obra, que recibió un apoyo casi unánime de la crítica, Villeneuve consiguió sus primeras nominaciones en el Oscar en las categorías de mejor director y mejor película y entró por la puerta grande al pináculo de creadores cinematográficos del mundo.

Ya sea a través de la historia íntima de una familia afectada por la guerra, de una policía íntegra en un mundo corrompido por el tráfico de drogas, o de un grupo de científicos pacifistas que se esfuerzan por evitar una guerra con extraterrestres, si algo caracteriza al director quebequense es su enorme capacidad para dotar a sus películas de una potente fuerza visual al servicio de historias sobre la razón de ser del hombre y de sus construcciones sociales. Esa marca también está en «Blade Runner 2049».

BLADE RUNNER

En el libro «Sapiens. De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad» (Penguin Random House, 2013), el historiador israelí Yuval Noah Harari explica que el homo sapiens, el Hombre de hoy, es una de las seis especies de humanos que poblaron la Tierra hace sesenta mil años y que su primacía produjo la extinción de las otras cinco, y más directamente la de los neandertales, la otra especie predominante, con la que llegamos a reproducirnos (4% de nuestros genes provienen de esa especie). Noah plantea el futuro del sapiens como impredecible, aunque cree probable que el desarrollo de la biotecnología y de la inteligencia artificial harán que el Hombre del futuro se parezca muy poco al actual, con lo que de algún modo nuestra especie también se extinguiría, al menos tal como la conocemos.

A partir del desarrollo de una idea semejante, debemos a Ridley Scott uno de los planteamientos cinematográficos de ciencia ficción más efectivos de la historia reciente. Con «Blade Runner» (1982), Scott abrió una nueva línea creativa de la que se nutrieron autores de origen diverso, no solo por tratarse de un nuevo filón argumental sino, sobre todo, porque aportó una nueva atmósfera desde la cual abordar esta temática. La distopía descrita en la película agobia, atemoriza y es capaz de remover alguna fibra interior que nos pone en alerta frente a los peligros de nuestra autodestrucción, ya sea por la manipulación genética para acelerar nuestra evolución o por ese impulso narcisista nuestro de convertirnos en dioses, impulso que Yuval Noah describe con solvencia en su libro. Scott renuncia a una narración ágil y en cambio nos ofrece una historia parca, pero llena de texturas de imágenes, sonidos y giros profundos que transmiten muy bien la desolación a la que podríamos dirigirnos inexorablemente si no menguamos nuestra ambición. Películas sobresalientes del género han explorado las posibilidades narrativas de esta distopía bajo la influencia de la «Blade Runner» original, entre ellas «El vengador del futuro» (1990), «Doce monos» (1995), «El quinto elemento» (1997), «Dark city» (1998), la trilogía «Matrix» (1999-2003), «Minority report» (2002), «Ex machina» (2014), «El planeta de los simios» (2011-2017), «Ghost in the Shell» (2017), por citar algunas de las más conocidas.

BLADE RUNNER 2049

«Blade Runner 2049», de Villeneuve, es una secuela en todo el sentido de la palabra, al punto que en ella el personaje principal de la primera, Harrison Ford, vuelve en carne y hueso treinta años después de los hechos iniciales ambientados en 2019. El eje de la trama sigue siendo un policía cazador solitario de replicantes (antes Ford, hoy Ryan Gosling), seres genéticamente idénticos a los humanos que, sin embargo, carecen de alma y por tanto de emociones humanas. Son creaturas del Hombre, generadas por los engranajes del gran capital, que deben ser destruidas porque ponen en riesgo la continuidad del homo sapiens al hacerse indistinguibles de él.

La película de Villeneuve es, en todo sentido, una reactualización y un relanzamiento de la obra de Scott y es posible que la veamos con el mismo sobrecogimiento con la que fue vista la original en su estreno. Con treinta y cinco años de distancia, lo que era técnicamente rudimentario en Scott es tecnológicamente avanzado en Villeneuve, pero más allá de eso podemos decir que ambas comparten la misma esencia.

Visualmente 2049 es brillante y nos ofrece por lo general secuencias disfrutables dada su gran factura artística y su enmarque en un guion que funciona, que sorprende satisfactoriamente y en el que casi no hay desperdicio ni bache. Están muy bien desarrollados la creación y educación de los replicantes, la construcción de recuerdos en ellos, la prueba para descubrir anomalías en estos humanoides (que evoca al famoso Test de Turing sobre inteligencia artificial). Como la primera renunció a la agilidad narrativa a cambio de la novedad de su planteamiento y ritmo, la segunda renuncia a la originalidad y prefiere apostar por la profundización de la reflexión filosófica sobre la esencia de la humanidad y nuestro futuro, presentes en ambas obras. Es como si 2049 fuera ella misma un replicante de la 2019, como si Ryan Goslin y su personaje fuesen una versión mejorada de Harrison Ford y su Rick Deckard; como si la película estuviese a punto de describir la nueva extinción del ser humano.

Lo que ha hecho Villeneuve con la obra de Scott es ampliarla, rejuvenecerla, insuflarle vida, garantizar que seguirá vigente y no se extinguirá. Lo ha hecho entregando una obra de arte como pocas veces ocurre en esta época tan dada a las secuelas innecesarias y a la falta de creatividad. No hay nada de ello en los casi ciento sesenta minutos de metraje de esta película hoy todavía en cartelera que no deberían dejar de ver.

(Publicado en el suplemento SEMANA del diario EL TIEMPO de Piura el domingo 15 de octubre de 2017).

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