LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD ESTÁN MARGINADAS. Entrevista a Carmela Izaguirre.

El Perú cuenta con las dos primeras antologías de poemas de César Vallejo y de cuentos de José María Arguedas publicadas en sistema de comunicación Braille. Carmela Izaguirre, una educadora que conjuga la sabiduría de la edad madura y una vitalidad juvenil, es la responsable de estas importantes publicaciones auspiciadas por PetroPerú.

Elda Avigail Carmela Izaguirre López (Lima), Carmela para sus amigos, no quiso decirme su edad u otro dato de su esfera íntima, salvo las señas de su domicilio, transmitidas con una sonrisa que mezclaba alegría, orgullo y picardía: calle Las Letras, edificio José María Arguedas, El sexto (piso), muy cerca del lugar de nuestra entrevista, la Biblioteca Nacional del Perú. Esa dirección, lo comprendo bien ahora, simboliza muy bien su vida.

Licenciada en Educación en la especialidad de Filosofía y Ciencias Sociales, y bachiller en Piscología, ambas por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Carmela es una apasionada de la docencia, las artes, la cultura y, en particular, de la literatura. Ha sido pionera en estudiar, primero (en Brasil, Puerto Rico y Francia, en los sesenta y setenta), e implementar, después, estrategias educativas y de difusión cultural para personas con discapacidad. Así, en 1976 organizó en Lima «Manos que ven la historia», la primera exposición museográfica para personas con discapacidad visual, cuya última edición organizó en 2002, en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú y en la Escuela Nacional de Bellas Artes. La peculiaridad de estas exposiciones es que, a contracorriente de las reglas usuales de los museos, las personas pueden tomar entre sus manos los objetos, explorarlos, sentirlos.

¿Cuánto ha avanzado el Perú en mejorar la situación de las personas con discapacidad?

Muy poco. Ahora tenemos más leyes, pero en el fondo las cosas no han cambiado gran cosa. Por ejemplo, en políticas culturales tenemos muy poco para la ciudadanía en general y casi nada para las personas con discapacidad. Tenemos poquísimas bibliotecas y las que existen están desactualizadas o desorganizadas, cuando deberíamos tener bibliotecas especializadas de Historia, de Literatura, de Arte, y todas ellas deberían ser accesibles para las personas con discapacidad. En muchos aspectos, pero sobre todo en políticas culturales las personas con discapacidad están marginadas.

«Manos que ven la historia» intenta mejorar esta situación.

«Ese es el objetivo. Si tú haces una exposición de ese tipo no solamente se beneficia a las personas ciegas sino a todas, porque, por ejemplo, a las exposiciones que yo organicé vinieron de todos los colegios de niños y adolescentes que tenían diferente tipo de discapacidad. Todos los chicos que podías imaginar vinieron, aparte de otros chicos de educación regular y también muchos turistas que estaban por allí. Es una gran ventaja para todos poder tocar los objetos de los museos.»

Desde que en diciembre de 2012 se publicó la Ley N° 29973, Ley General de la Persona con Discapacidad, el Estado peruano ha adoptado políticas públicas para afrontar la exclusión a la que se ven sometidas las personas con discapacidad. Una de estas medidas, todavía en implementación, es la ratificación del Tratado de Marrakech, por el cual nuestro país se comprometió en 2015 a dictar normas para facilitar la reproducción, distribución y puesta a disposición de obras publicadas en formatos accesibles para las personas ciegas, con discapacidad visual u otras dificultades para acceder al texto impreso. Según la Unión Mundial de Ciegos existe un “hambre de libros” en este sector, pues más del 90% de todo el material publicado a nivel mundial resulta inaccesible para ellos. Aunque en Perú no hay cifras, es fácil imaginar que estamos peor que el promedio del mundo, y por ello es importante la labor de personas como Carmela.

A veces no somos conscientes de que las personas con discapacidad se están perdiendo un encuentro personal e íntimo con Vallejo o Arguedas, al no poder leerlos por sí mismos.

Y está mal. ¿Por qué las personas ciegas no van a poder acceder a Vallejo o a Arguedas como todos los demás? Son autores demasiado importantes. Por eso empujé este proyecto, porque son libros que alimentan el alma, porque todo peruano debería tener la oportunidad de leerlos, sin límites.

Llevas años en esta lucha y me queda claro que piensas seguir.

Mientras respire, de todos modos. Tengo varios proyectos que quiero sacar adelante. Ahora estoy promoviendo una exposición “Manos que ven el patrimonio monumental arqueológico”. ¿Por qué las personas ciegas no pueden conocer Machu Picchu, o Chavín de Huántar? ¿Por qué no podrían sentirse tan orgullosos como nosotros de estos monumentos que forman parte de nuestra identidad? No nos hemos puesto a pensar cómo una persona ciega puede imaginarse Machu Picchu. Ni siquiera una persona en silla de ruedas puede entrar a Machu Picchu. Eso está mal y hay que cambiarlo. Faltan muchas manos para empujar ese cambio. Yo soy solo un par.

En mi caso pienso que es una vocación de servicio, porque además me gustan las cosas difíciles. Yo creo que nunca dejaré de ser docente. Esa es una manera de luchar por los más débiles, ya que por mi edad no puedo salir a las calles a protestar contra las injusticias. Además, siempre he encontrado gente que me ha ayudado de corazón, pero la sociedad es sumamente ciega, sorda y muda. No ve el problema. No le da la gana de escuchar los problemas. Incluso cuestiona cuando ve gente que trata de solucionarlos. Para los políticos este no es un tema importante porque no da votos, o porque creen que significa gastar más dinero. Somos una sociedad sumamente egoísta, que no se preocupa de los demás.

¿Y cuál es la función de los docentes en todo esto?

A los docentes les pediría mucho más compromiso. Con nuestros defectos y errores, creo que los de mi generación teníamos una vocación especial para enseñar, nos comprometíamos profundamente con la educación de nuestros alumnos. El otro día vinieron un grupo de estudiantes de secundaria a una conferencia sobre la importancia de la lectura, y no paraban de interrumpir, de hacer bulla, de burlarse de todo. A pesar de eso sus tres profesoras no decían ni hacían nada y estaban distraídas, conversando entre ellas. Cuando me acerqué para recomendarles que corrijan a sus alumnos, no les gustó. Me dijeron que en mis épocas habrá sido así, pero que ahora se respetaba la libertad de los alumnos. Bueno, les dije que el respeto no tiene épocas, que es su obligación prepararlos para que tengan un buen comportamiento.

Y para que piensen y decidan por sí mismos.

Eso es algo que nunca se ha entendido del todo. A mí los docentes de mi época me hacían problemas porque llevaba a mis alumnos a los museos, siendo yo de filosofía. Los llevaba porque tenía un compromiso con ellos para que encuentren su identidad, pero conociéndola, cuestionándola. Como psicóloga que también soy tenía una preocupación grande por eso. Algo que me marcó mucho fue el “Así hablaba Zaratrustra” de Nietzche, que leí cuando tenía doce años. De allí tengo la idea de que uno siempre tiene que aspirar a ser superior, no en dinero ni en poder sino en espíritu. Eso es lo que siempre les he insistido a mis alumnos en todos mis años. Yo no he hecho política porque me desilusioné de ella tempranamente, pero he hecho mi propia pelea en educación, porque creo en que es imprescindible formar personas pensantes, cuestionadoras, que no voten por votar sino que lean, estudien, analicen y decidan razonadamente.

Nos falta formar ciudadanos.

Y ciudadanas. En aquella época enseñaba cívica y ya peleábamos por los derechos de las mujeres; no como ahora que ya es fácil todo; en esa época era sumamente difícil. Habíamos muchas mujeres en San Marcos, pero muy pocas que se dedicasen a la política. Pienso que la mujer es responsable igual que el hombre para lograr cambios sociales, y quizá un poco más porque ellas todavía inciden más en la educación de los hijos. Lo que yo pienso es que ahora los padres trabajan tanto para llenarlos de tantas cosas vacías, a veces hasta de basura, que ya no tienen tiempo de estar con ellos ni de influirlos positivamente.

En provincias como Piura hay también muchísimo que hacer.

Como diría Vallejo. Un museo no es nada difícil. Todo es cuestión de imaginación, la imaginación al poder. Por ejemplo, en Piura la gente es artista, lo tienen todo. Se pueden hacer no solo museos sino lugares de encuentro para difundir el arte sin desatender a las personas con discapacidad. Se puede hacer muchas cosas si la gente quiere. Y la gente quiere. Incluso la gente que menos piensas quiere, y te ayuda.

(Publicado en el suplemento SEMANA del diario EL TIEMPO de Piura el 20 de agosto de 2017. Fotografía: Tania Arzapalo Villón).

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