PADRE DE LOS ZOMBIES

El padre de uno de los subgéneros de terror más exitosos falleció el domingo pasado a los 77 años de un agresivo cáncer de pulmón en medio de un simbolismo casi mágico. Lo hizo mientras escuchaba, según cuentan sus familiares, la banda sonora de una película de John Ford, uno de sus principales referentes.

En 2007, en una entrevista para un medio español, Romero, un estadounidense de casi dos metros de altura, se negaba a ser considerado padre fundador de algo con estas palabras: «Cuando me lo dicen, no me lo creo. Siempre he sido un director modesto, que ha desarrollado su trabajo fuera de Hollywood y por debajo de los radares de la industria y, de repente, me quieren convertir en el Padrino. Solo en mis últimas dos o tres películas he notado cierto dominio del arte de dirigir. John Ford hizo 250 películas y yo, de momento, he hecho tan solo 17. O sea, que aún me queda un largo camino».

Que Romero haya escogido para su despedida final la banda sonora de «Un hombre tranquilo» (1952) puede tener muchos significados, pero ninguno tan aleccionador como el que nos gusta imaginar: la clara conciencia de estar muy lejos, en números y en dominio del lenguaje cinematográfico, de la genialidad de los grandes maestros. Pero, a la vez, la tranquilidad y felicidad de quien ha disfrutado al máximo lo vivido y es consciente de que su aporte, sin necesidad de entrar en el aura de la genialidad, es universal y lo sobrevivirá.

Ciertamente Romero no fue un genio del séptimo arte. Por el contrario, la crítica más severa ha sido inclemente en señalar sus fallas y algunos llegaron a compararlo con Ed Wood, “el peor director de la historia del cine”, sobre quien Tim Burton hizo una maravillosa película. Si algo comparten Wood y Romero es tal vez una pulsión inocente, entusiasta, épica, por contar historias que gusten a la gente. Estoy seguro de que eso les bastó. En el caso de Romero el resultado de esa pulsión es fascinante, puesto que su nombre ha quedado inscrito en la historia del cine con una película de culto que generó una corriente cuyo impulso se mantiene con fuerza hasta hoy: «La noche de los muertos vivientes» (1968), que grabó con unos amigos y escaso presupuesto a la temprana edad de 28 años. Si como en la vida no se necesita ser un genio para ser un buen padre, pero sí de mucho de corazón (o de lo que este simboliza), Romero fue uno de los mejores padres.

EL MUNDO DE LOS ZOMBIS (O ZOMBIES)

Tampoco fue un innovador en la materia. En el cine los muertos que volvían de algún modo a la vida ya eran conocidos (las momias, por ejemplo, o los vampiros). Los zombis también formaban parte de una tradición cultural antigua que tenía sus puntos más conocidos en Centroamérica (Haití, Cuba, República Dominicana) y en gran parte de Africa, y que ya habían sido llevados al cine desde la década del treinta del siglo pasado.

Sin embargo, lo que Romero aportó de un modo importante a esta idea de unos cadáveres que contra toda lógica seguían en este mundo fue la caracterización que les dio: seres sin conciencia, putrefactos, con movimientos lentos, ansiosos por comer carne humana, e imposibles de “matar” sin volarles el cerebro. Los puso en medio de ciudades y campos contemporáneos (como también lo hizo en las otras películas sobre zombis que grabó hasta el 2009), y los dotó de una historia que aprovechaba discusiones sociales de honda actualidad (el racismo, por ejemplo, pero luego también el consumismo, el capitalismo, la avaricia del dinero) y detonó en la mente de sus espectadores sorprendentes niveles de tensión, susto y, sobre todo, entretenimiento. El zombi adquirió entonces una entidad compleja: fue visto ya no solo como un elemento de terror cinematográfico sino también como una metáfora de la decadencia de los nuevos tiempos y de cómo el hombre, el ser vivo, el que no es un muerto viviente, a veces está más podrido por dentro que por fuera.

No en vano «The walking dead», la famosa serie de la cadena Fox, va por la octava temporada y «Resident evil», la exitosa saga cinematográfica protagonizada por Milla Jovovich, basada en un popular videojuego, ya alcanzó su quinta secuela y prepara su relanzamiento (hasta donde sabemos el videojuego ya tiene siete versiones). Además, se han grabado centenares de películas, entre ellas comedias gruesas («A la mierda con los zombis») o juveniles («Mi novio es un zombi»), performances que se organizan en las ciudades más importantes del mundo y desde hace poco años también en Lima (conocidas como “marchas zombi”), juegos de computadora como «Plantas vs. Zombies», entre muchas otras expresiones culturales. Posiblemente mientras agonizaba escuchando la banda sonora de «El hombre tranquilo» George Romero pensaba que todo eso bien podría equivaler a las 250 películas de John Ford.

(Publicado en el suplemento SEMANA del diario EL TIEMPO de Piura el 23 de julio de 2017).

 

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