«HACERME ACTRIZ FUE MI REDENCIÓN». Entrevista a Liliana Trujillo, protagonista de «Rosa Chumbe».

Liliana Trujillo me recibió un sábado por la mañana en Miraflores, Lima, con una amabilidad y sencillez que sentí sinceras desde el principio. La protagonista de «Rosa Chumbe», la mejor actriz del último BAFICI de Argentina, y tal vez la actriz peruana de mayor talento de su generación, nos conversa con naturalidad, sin poses, como si hubiésemos coincidido de casualidad en la sala de espera de un médico. Ha traído a la entrevista un libro sobre racismo en el Perú que ha empezado a leer: para ella su vocación de actriz —lo notaré a lo largo de la entrevista—es también un vehículo para ayudar al país a superar viejas taras. El primer tema de conversación es, por supuesto, su última película.

¿Qué puede aportar una película como Rosa Chumbe?

Por un lado la película logra visibilizar el tema del individualismo, de ser poco empático, de estar desconectado de la realidad. También están varios temas como ser madre soltera, el embarazo precoz, la salud mental. Creo que a través de la cultura se pueden trabajar temas como estos, que tenemos que mejorar como sociedad. Pero a pesar de su importancia hemos avanzado muy poco en temas culturales. No creo que se deba responsabilizar de ello necesariamente a las autoridades. No es el Ministerio de Cultura; no son tampoco los alcaldes y los municipios, que si quisieran podrían hacer un poquito más de actividad cultural. Creo que tiene que ver también con nosotros como ciudadanos. Justo en el libro que estoy leyendo («Nos habíamos choleado tanto», del psicoanalista Jorge Bruce») se dice que es más fácil cambiar una política que una mentalidad. Creo que allí está el quid del asunto de nosotros como país. Tenemos la mentalidad del “ya para qué” o del “así nomás”, la criollada, y eso lo tenemos que cambiar.

Somos un país anquilosado.

Es complejo porque tampoco se nos enseña a vernos, a ejercitar un poco la autocrítica ni a superarnos. Tenemos como instalado un pensamiento medio colonialista, bajo otras formas: “que no podemos, que no tenemos plata”. Tenemos esas herencias culturales. Yo me imagino que en provincia debe ser mucho más difícil. En Lima ya es difícil, pero hay espacios para actividades culturales, pero si modificáramos ese chip podría comenzarse a hacer algo interesante. Yo he leído en el Facebook de Rosa Chumbe, por ejemplo, reclamos de gente de Piura, de Huancayo, de Cajamarca, de Puno, de Cusco, porque allá no se ha estrenado la película. Pero en Cusco se estrenó y fueron cinco personas; entonces cómo haríamos, qué le digo al exhibidor o al dueño del cine: ¿déjala para esos cinco?

El cine no deja de ser un negocio.

Lo que pasa es que el mercado actual funciona así. El camino está por otro lado, y creo que va por la modificación de la mentalidad de la gente, de ampliar su concepto de entretenimiento, que entienda que no es solo comedia, terror o reguetón.

Rosa Chumbe se parece mucho al Perú: tiene un gran desánimo, hace poco por mejorar, y está a la espera de un milagro que lo salve.

No sé hasta donde tenemos que llegar para encontrar ese milagro. Relayze, el director, ha construido una película bastante metafórica. ¿Qué tendríamos que buscar para que se pueda hacer el milagro de una redención de todos? Por ejemplo, yo en el colegio he sido muy mala estudiante, he tenido un pésimo rendimiento escolar. No era malcriada, pero era muy distraída, no apuntaba en clase, en los exámenes no sabía qué poner. Y, como Rosa Chumbe, he sentido que con la actuación he tenido una segunda oportunidad, una oportunidad de redención frente a mis padres. Si bien en mi época escolar he sido un desastre, al menos con esto de la actuación siento que no me he equivocado de vocación. Tal vez como país necesitamos algo de eso, un poco de autoestima. Por ejemplo, en el colegio, por el mismo tipo de educación que se daba, se me recalcaba más lo negativo, más mis debilidades que mis fortalezas; salvo dos profesores, que nos trataron distinto a todos, y respetaron mi forma de ser y de aprender. Con ellos tuve buenas notas, pero creo que era porque me validaron como persona, como estudiante, como adolescente. Si no hubiera sido por ellos no hubiera podido levantar mi autoestima y tenerme un poquito de fe. En ese sentido, creo que somos la mitad del Perú los que estamos buscando un milagro, tener fe, porque la otra mitad ya está perdida.

Suena duro escucharla decir que sintió que sus padres estaban decepcionados de usted y que la actuación fue una redención frente a ellos.

No sé si decepcionados. Pero en todo caso, yo me sentía un poco mal en relación con tantos años de inversión (doce años, porque repetí primer año de secundaria). Cuando yo me decidí por la actuación no me dijeron no. Me apoyaron. Fue una fortuna en realidad. Supongo que también dirían “ya pues, a ver”. La actuación, tal como yo la veo, es más un trabajo personal sobre lo que yo puedo hacer y construir, pero con mis retos, mis límites, mis debilidades. Cada personaje te enseña que hay cosas en las que puedes mejorar o que hay cosas que te van a salir mejor que otras, pero que tienes que trabajar.

Me sorprende haber leído que recién después de 23 años de carrera usted sintió que no se había equivocado de vocación.

Creo que cada profesión tiene su dificultad. Si yo conversara con un psicólogo seguramente me diría también, el pobre, que casi nadie está dispuesto a pagarle cien soles por una sesión de 45 minutos. Creo que a veces depende de las profesiones. De repente en la actuación lo que ocurre es que como es una cuestión más subjetiva, tu aspecto físico te puede limitar porque, bueno, a veces no calzas para televisión, teatro o cine. Si hay algo que aprendí desde que empecé es que esas cosas no las puedes controlar, y te puedes encontrar con compañeros que están muy amargados porque el sistema no les permite entrar como ellos quisieran. Tú no puedes controlar que te convoquen, que den una oportunidad. Lo que sí puedes controlar es tu desarrollo propio; puedes trabajar sobre tu voz, tu cuerpo, tu interpretación, tus técnicas de actuación. Si te concentras sobre eso creo que lo demás llega.

Aunque no siempre, ¿verdad?

Pero, claro, te enfrentas con la parte del rechazo. Pasa muchas veces que ensayas una obra con actores de primer nivel, y el día del estreno solo hay quince personas en la platea y te dicen que ese fin de semana no te van a pagar. Y tú dices pero cómo no me vas a pagar, yo he gastado en mi pasaje, he almorzado por acá toda la semana. Eso te desanima de todas maneras. No sé si te golpea la autoestima, pero sí un poco en tu vocación y terminas preguntándote por qué haces esto y si no deberías estar haciendo otra cosa productiva. Pero si haces otra cosa productiva vas a estar amargado porque no es lo que quieres hacer. Entonces, es como una carrera de perseverancia, de tomar oxígeno cada cierto tiempo, de creer en un milagro, de tener fe, como Chumbe. A veces se percibe la actuación como algo muy frívolo, que te peinen, te maquillen, que te veas regia, pero hay más carne en la profesión, hay cosas un poco más pesadas, más necesarias para poder seguir en la carrera. La idea no es hacer las cosas amargado. No creo que esa sea la visión más saludable.

¿Qué actores o actrices son sus referentes?

Uno aprende de todos, incluso de los que no tienen formación, porque cada uno desarrolla una estrategia para actuar, cada uno comienza a buscar soluciones para interpretar sus personajes mientras están grabando, actuando. Puede ser que alguien descubra una forma de la que tú no tenías idea. Creo que de todos puedes llegar a aprender, pero si hablas de maestros, pienso en Alfonso Santistevan, Alberto Isola, Miguel Iza. En actrices hay muchas compañeras tromes: Gabriela Velásquez, Delfina Paredes, Sonia Seminario. De las jovencitas hay muchas también: Karina Jordán, Stephanie Orué. De las internacionales me gusta mucho Kathy Bates porque de repente somos parecidas físicamente. Meryl Streep, de hecho; Susan Sarandon.

Usted también empezó a internacionalizarse. Ha grabado en Alemania “El viaje de Naomi”.

Bueno, fue una sorpresa. Por fortuna el director me vio en Rosa Chumbe, pero no es que me haya llamado a mi sola; convocaron a otras tres o cuatro compañeras más. Yo creo sinceramente que es una cuestión de fortuna porque básicamente te eligen por cómo te ves en el lente y cómo te ves con la protagonista; porque de las que fuimos convocadas todas tienen la capacidad de actuar bien. Pero además fue emocionante y grato ver que en todas partes, no importa si haces cine independiente o comercial, todos los que estamos en el mundo audiovisual apreciamos y valoramos el hecho de hacer cine. Todos hacen su trabajo de una manera responsable, dedicada, porque es un tema serio. Y en el extranjero, por lo menos donde he trabajado, es igual. La gran diferencia es que allá los equipos funcionan. Aquí les ponen plastilina, pabilo, chicle, para seguir trabajando.

¿Y cuál es su sueño como actriz?

Poder actuar hasta el final de mi vida. Llegar a la tercera edad y seguir trabajando, como Sonia Seminario. En cuanto a papeles, quisiera hacer de Antígona en el teatro, no importa lo que me digan.

(Publicado en el suplemento SEMANA del diario EL TIEMPO de Piura el 16 de julio de 2017. Fotografía de Leticia Bustamante Muro).

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