MARIÁTEGUI, LA AVENTURA DEL HOMBRE NUEVO

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Desde mayo está en circulación el libro «Mariátegui, la aventura del hombre nuevo» (Editorial Horizonte, 2017), del fotógrafo de origen belga Servais Thissen. Esta es la primera biografía ilustrada del pensador peruano más importante del siglo XX y su lanzamiento coincide con el centésimo vigésimo tercer aniversario de su nacimiento, celebrado el 14 de junio pasado.

El libro reúne varias características que lo convierten en un acontecimiento editorial de la máxima importancia. En primer lugar es hasta ahora la biografía mejor documentada del fundador del Partido Socialista Peruano, lo que es un gran mérito si se tiene en cuenta los rigurosos trabajos previos, de Guillermo Rouillón. Genaro Carnero Checa, Ricardo Luna Vegas, o los menos cuidados, pero documentalmente valiosos de Armando Bazán o María Wiesse. Pero su característica más importante es que es la primera vez que el énfasis está puesto en el hombre a solas y no en el hombre y su pensamiento. Si bien este último es de inevitable abordaje tratándose de un biografiado en el que su intimidad es inescindible de sus ideas, el libro aporta una cronología de la vida de Mariátegui bastante pormenorizada, pero sobre todo desprovista hasta donde es posible de cualquier juzgamiento intelectual.

Se ha escrito mucho sobre este pensador, pero casi siempre desde la óptica deshumanizada de sus ideas, desde la diatriba o desde la apología desvergonzada. Al centrarse en el alma, al poner la luz sobre la forma de ser del hombre, el libro logra una representación de José Carlos Mariátegui casi inédita hasta hoy, pero tal vez mucho más cercana a su compleja identidad y realidad. Es tan inédita como gran parte de las más de quinientas fotografías que acompañan el texto, y que lo dotan de la vitalidad propia de un álbum familiar.

Thissen nos muestra un Mariátegui distinto al ya conocido, con una niñez melancólica y triste, con una vanidad intelectual de muchacho que no sabe ser modesto, con un artista que buscó ser poeta (el libro publica por primera vez algunos poemas), dramaturgo (desde muy joven escribió y llegó a ver representadas sus obras de teatro), crítico de arte, entre otras tantas aspiraciones, y que no siempre fue un virtuoso en esos ámbitos. Mariátegui no fue solamente el niño enfermizo que terminó de adulto en una silla de ruedas, ni se reduce al autodidacta que no comparte el llamado “espíritu universitario”. No es solo aquél que hace casi cien años dormía en una celda acusado de iconoclasta y hereje mientras Lenin hacía avanzar la revolución de octubre de modo casi inexorable.

Los extremismos de derecha, pero también los de izquierda, han llegado a convertir al hombre en mito y en muchos casos han estado a punto de arrojarlo a las profundidades del lugar común, el cliché o el panfleto. Por supuesto han existido también esfuerzos académicamente serios por entender su contexto y su ideario. Entre ellos destacan la «Introducción a los 7 ensayos», de Jorge Basadre (1979) o «La agonía de Mariátegui», de Alberto Flores Galindo (1989), entre otros. Sin embargo, no hay que perder de vista que para mantener vivas las ideas de Mariátegui hay que intentar matarlas, tal vez con pasión; es necesario cuestionarlas, rebatirlas, reposicionarlas, ubicarlas en el nuevo contexto, someterlas al fuego del paso del tiempo y a la fuerza de horadación de lo nuevo. Mucho de lo que él planteo ha perdido vigencia o puede entenderse como meros errores de apreciación. No hay forma de negar eso llegado el momento. Pero Mariátegui es mucho más que sus errores o sus aciertos.

Es un hombre apenas (es un decir) «con la fe apasionada, riesgosa, heroica de los que combaten peligrosamente por la victoria de un orden nuevo», y eso ni de lejos es poco. Esta pasión no es solo intelectual sino también espiritual. Pocos hombres como él entendieron con tanta claridad el necesario vínculo entre las ciencias, la política y las artes. Hay en él una sensibilidad espiritual, artística, nacida de su voracidad de lector infantil, asentada en sus años de niño prodigio del periodismo, expresada en su máximo esplendor en su edad madura, cuando intentó mostrar el camino hacia un mundo nuevo.

Thissen precisa que en «La aventura del hombre nuevo», la palabra “aventura” «no significa un simple suceso o un acontecimiento fortuito (…) su sentido es más profundo, es el de la hazaña por realizar, el camino hacia un gran objetivo, la búsqueda de un ideal por alcanzar y este ideal es el hombre nuevo que la sociedad debe construir, basado en valores como la solidaridad y la justicia. A José Carlos le gustaba la personalidad del aventurero (…) Creo que la vida de Mariátegui constituye una gran hazaña y él representa, con justa razón, esa aventura del hombre nuevo».

ESCRIBIR DESDE LA ADMIRACIÓN

Servais Thissen reside en el Perú desde hace cincuenta años y ha fundado dos colegios. Aficionado a la fotografía, se ha dedicado a la investigación de fotógrafos importantes como Max T. Vargas, Martín Chambi y Teófilo Hinostroza, sobre el último de los cuales ha publicado el libro «El Perú profundo». Su curiosidad por Mariátegui nació también desde este arte; su trabajo de recopilación de las fotografías sobre el Amauta lo llevó a profundizar en su vida y obra y a preparar durante varios años la presente biografía ilustrada. Esta obra, en realidad, puede ser vista como el homenaje de un extranjero que ahora es tan peruano como cualquiera, que apenas puso los pies en Lima quedó deslumbrado, primero, por el diseño gráfico de la revista «Amauta», y luego por la calidad de su contenido y por la pluma de su director.

Sin embargo, a pesar de que cada hoja del libro rezuma admiración, Thissen ha sido capaz de convertir ese sentimiento en una lealtad al mensaje más hondo de Mariátegui: que todo debe ser creación heroica; que tenemos la obligación de pensar el presente asumiendo con profunda convicción la obligación de decidir nuestro futuro por nosotros mismos.

(Publicado en el suplemento SEMANA del diario EL TIEMPO de Piura el 25 de junio de 2017.)

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