MUJER MARAVILLA: ¿El feminismo como superpoder?

A poco más de 76 años de la publicación de la historieta original en la revista All Stars Cómics (1941), «Wonder Woman» (su nombre en inglés) es la primera heroína con película propia desde que Ironman inauguró en el 2008 la fiebre cinéfila por los superhéroes del cómic.

Se estrena además como una de las superproducciones más taquilleras del año y cuenta, muy de lejos, con la mejor opinión de la crítica dentro del universo de la DC Cómics. Aun cuando no es una película completamente lograda (por ratos a los efectos visuales se les ven las costuras y el ritmo es lento a veces), está bien contada y sobre todo en su primera parte (la de la Isla de las Amazonas), ofrece un espectáculo visualmente muy atractivo.

La Mujer Maravilla no fue la primera heroína con poderes, pues antes de ella, desde 1940 existieron Fantomah,The woman in red, Miss Fury y Amazona. Sin embargo sí es la primera de impacto en la cultura mundial y junto con Superman y Batman forman la trilogía dorada de los superhéroes. Creada apenas tres años después que el hombre de acero, es la de mayor densidad simbólica. Su creador, William Moulton Marston, —a quien el editor de All American Publication, Max Gaines, le encargó crear un nuevo personaje— la dotó de un potente sentido feminista. Marston no era un creador cualquiera. Fue un psicólogo reputado que creía en el ejercicio pleno de la libertad afectiva y sexual y que por ello mantuvo bajo el mismo techo —en el conservador Estados Unidos de los treinta y cuarenta del siglo pasado— una relación poliamorosa con dos mujeres, su esposa Elizabeth Holloway y su amante Olive Byrne. Creía, además, en la superioridad moral del sexo femenino y confiaba en que ellas serían las únicas capaces de salvar al mundo.

Los rasgos principales de nuestra heroína, los físicos y espirituales, provienen de esas dos mujeres que vivieron una libertad adelantada a su tiempo, que se identificaron con el sufragismo y el activismo a favor de su derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Su historia también bebe de esa utopía de sociedad gobernada por mujeres, de la cual la Isla de Themyscira es una clara representación.  Estos rasgos no siempre fueron respetados y en varios momentos de los siguientes setenta años, a contracorriente de la idea de su creador, el personaje fue edulcorado, suavizado y sometido a las rigideces de una cultura machista.

Sin embargo, la película en cartelera respeta en buena parte el espíritu original de la historia. Por eso no es extraño que la Princesa Diana de Themyscira de la directora Patty Jenkyns (California, 1971) sea una mujer segura de sí misma y totalmente autosuficiente, y que hasta la aparición del militar Steve Trevor no haya sentido siquiera la necesidad de la presencia masculina. Es además sofisticada, domina cientos de idiomas, ha leído a los grandes autores clásicos y conoce a profundidad, aunque sea solo a través de los libros, del erotismo propio (en un parlamento llega a decir, citando un libro, que «los hombres son necesarios para la reproducción» e innecesarios para todo lo demás).

Es curioso que el feminismo del personaje (básico, de salón, pero feminismo al fin) se asiente sobre la total ausencia del problema del dominio masculino en su experiencia vital. Diana ha vivido y crecido entre iguales; se ha forjado como una guerrera sin límites, sin tener idea de que esa actividad le pudiese estar vedada en algún lado.  Desconoce los patrones de género de inicios del siglo XX y solo se encuentra con ellos cuando sale de su isla y recorre Europa en medio del horror y la muerte de la Primera Guerra Mundial. Entonces, lo que hace no es combatirlos sino adaptarse a ese mundo para comprenderlo e intentar cambiarlo.

En el 2016 la Organización de las Naciones Unidas celebró el 75º aniversario de la Mujer Maravilla nombrando al personaje de ficción como su embajadora honorífica. Consideró que ella representaba la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas. Dos meses después el título tuvo que ser retirado debido a las severas críticas de diferentes sectores, especialmente feministas, que tomaron como una burla que se brinde ese honor ignorando a muchas mujeres de carne y hueso, heroínas de la vida real. También se le objetó la sexualización que le da su traje, incompatible con cierto feminismo. Sobre este incidente la actriz Gal Gadot dijo lo siguiente: «Me quedé de piedra, especialmente después de todo lo que pasó en las elecciones en Estados Unidos. ¿Esto es lo que realmente preocupa a la gente?». La actriz dice que por eso la película no puede fracasar: «La filmamos porque creemos en todo lo que este personaje representa. Es solo cuestión de tiempo que la gente acabe admirando también a personajes fuertes que sean mujeres. Aunque aún hay mucho camino por recorrer».

Gal Gadot hace un magnífico trabajo. Tal vez su gran capacidad de representar tan bien a la Mujer Maravilla tenga que ver con las característica que la vida real y la de ficción comparten: una belleza portentosa (fue Miss Israel en el 2004) y una rigurosa preparación física y mental de dos años en el servicio militar israelí, semejante a la que recibió Diana de su tía, la general Antíope, magníficamente interpretada por esa gran actriz de carácter que es Robin Wrigth, más conocida por su papel de Claire Underwood en la serie «House of cards» de Netflix.

Hay un tipo de feminismo que la directora y la actriz defienden: «Creo que hay un idea muy equivocada sobre lo que significa ser feminista, porque hay gente que lo ve como algo negativo. Que odiamos a los hombres o vamos por ahí quemando sujetadores y no nos depilamos las axilas. No es eso. Para mí, el feminismo es igualdad. Es tener las mismas oportunidades y los mismos derechos, todo el mundo debería ser feminista.» ha dicho Gadot. El feminismo en la Mujer Maravilla seguirá siendo objetado y no sabemos en concreto qué tan importante sea esta discusión para la causa de la igualdad de las mujeres o para mantener la popularidad de la heroína. Conviene decir que, por ejemplo, en dos semanas se lanzará en España un libro que, a partir del análisis de este personaje, toma partido. Su título es «El feminismo como superpoder» y su autora es la periodista y feminista Elisa McCausland, con lo que parece ser que la Mujer Maravilla se rehúsa a ser un simple personaje de ficción.

(Publicado en el suplemento DOMINGO del diario EL TIEMPO de Piura el 11 de junio de 2017.)

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