RÁPIDOS, FURIOSOS, Y CHARLIZE THERON

el

Como en su primera secuencia, la de La Habana, «Rápidos y furiosos 8» es un auto antiguo y destartalado que todavía es capaz de ganar una carrera de forma espectacular. Para ello solo ha tenido que hacer algunos cambios, como el reemplazo que hace Dominic Toretto al inicio: gasolina por nitrógeno líquido.

En este caso el nitrógeno se lo aportan actrices y actores de primer nivel como Charlize Theron y Helen Mirren, en primer lugar, y Kurt Russell y Scott Eastwood (hijo del director Clint Eastwood), en segundo. Ellos son capaces de ocultar la absoluta falta de calidad actoral (y siquiera empatía) de Vin Diesel, que da una clase maestra de cómo un actor sin talento puede llegar a protagonizar una franquicia super exitosa. Diesel ha logrado una conexión con su público con la que muchos de los mejores actores ni siquiera pueden soñar. Sus apariciones y sobre todo sus parlamentos, a costa de ser absurdos e inverosímiles, dadas sus limitaciones dramáticas o cómicas, terminan siendo graciosos y enternecedores para la mayoría de sus seguidores. Su caso debe ser estudiado, no desde la cinematografía o la actuación, sino desde la Antropología, la Sociología, la Psicología, el Marketing, o cualquier otra rama científico-social que nos permita entender semejante paradoja.

Charlize Theron, por su parte, vuelve a demostrar por qué es una de las mejores actrices de esta época. A pesar de su extensa carrera, es apenas la segunda vez que tiene la oportunidad de un protagónico antagonista (en la primera tuvo el papel de la reina malvada en «El cazador y la reina de hielo», 2016) y lo hace dándole a Cypher, una hacker psicópata, una densidad y porte que en una actriz menor, dado el escaso desarrollo de su personaje, hubiese significado un rotundo fracaso. Por supuesto, no es ni de lejos su mejor actuación, y es claro que ni la mejor actriz del mundo (ni las dos mejores) puede hacer bueno un mal guion, pero su sola presencia bien justifica desde ya el pago del boleto. La de ella y la de Helen Mirren, que tiene un par de breves apariciones como la madre de Deckar Shaw (Jason Statham), suficientes para hacer llevadera la historia y para seguir admirando la legendaria escuela inglesa de arte dramático de la cual es una de sus mejores exponentes.

Del mismo modo, Scott Eastwood refresca la acción con un «Little Nobodoy» bastante preciso en su simpleza, un personaje cómico desde la seriedad de un agente del orden principiante con ínfulas de experto. La sincronía que hay entre él, Kurt Russell (Mr. Nobody, que vuelve a la franquicia) y Dwayne Johnson (Hobbs), es de lo que mejor funciona, al igual que la recurrente confrontación física y verbal entre este último y Jason Sthatam, que desarrollan una muy buena secuencia de violencia coreografiada en una prisión de máxima seguridad.

Ciertamente todo ello destaca a pesar de un guion que parece haber sido hecho por un escritor flojo o inexperto. Aparentemente, pues el guionista Chris Morgan tiene una amplia trayectoria en películas de este género y conoce bastante bien el alma de la franquicia (ha escrito casi toda la saga) y los gustos de los fanáticos. Si «Rápidos y furiosos 8» es disfrutable no lo es por su trama, llena de clichés, sinsentidos, vacíos y defectos, sino sobre todo porque se entrega por completo a la acción, una acción ilógica, estridente, estrambótica, irreal, pero efectiva y con adecuados toques de humor. El público sabe a lo que va y justamente va por ello. En eso radica la mayor fortaleza de la película. Incluso la crítica más severa debe reconocer que la franquicia no vende gato por liebre, que va directo al grano en su narrativa y que carece de falsas pretensiones, algo poco común en películas de alto presupuesto.

Si para ofrecer ello necesita incorporar secuencias extravagantes, lo hará. Allí tenemos a un submarino rompehielos, una bola de demolición destructora de autos, una lluvia de vehículos o un choque múltiple de cientos de ellos. Y también una persecución con carros de lujo, un tanque y grandes camiones en medio de explosiones gigantescas a través de una superficie de hielo (sin que este se rompa casi), una de las mejores secuencias de acción de la serie, que bebe mucho de «Mad Max: furia en la carretera», aquella obra maestra de George Miller. Si en la nueve y la diez (que ya han sido anunciadas) se necesita incorporar un transbordador espacial o una nave extraterreste, ocurrirá sin mayor problema, aun si para ello terminan inventando una subtrama en la Luna o en Marte, o a un ET experto en carreras estelares.

No nos gusta «Rápidos y furiosos 8», pero debemos reconocer que hay un mérito enorme en mantener con vida una historia que con cada película parece ya agotada, pero que sin embargo es capaz de renovarse manteniendo incólume su razón de ser: la diversión pura, la distracción ligera, el respeto al extraño gusto de un público que, por las formidables cifras de taquilla que está obteniendo en todo el mundo, parece que está dispuesto a seguir siéndole fiel.

(Publicado en el suplemento dominical SEMANA del diario EL TIEMPO de Piura el 23 de abril de 2017.)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s