OSCAR 2017: LOS PREMIADOS

Hoy por la noche se sabrá quiénes han recibido el favor de los votantes de la Academia y a propósito aprovecho para hacer una revisión de los nominados en las principales categorías, mencionando en primer lugar por quién apostamos.

 MEJOR ACTOR DE REPARTO

Jeff Bridges (67), por el papel de Marcus Hamilton en «Nada que perder» (Hell or high water), ranger tejano a días de jubilarse cuyo último encargo es investigar el caso de dos ladrones de poca monta que asaltan pequeños bancos en West Texas, un pueblo detenido en el tiempo. En su séptima nominación Bridges nos entrega la representación monumental de un viejo árido, aparentemente racista, cínico y desconfiado que esconde nobleza y lealtad. Su sólido personaje conjuga perfectamente con el espíritu de la película, que es el mismo del escenario: la desolación de grandes espacios desérticos entre los que sobreviven en la ruina varios pueblos estadounidenses sobre los que el capitalismo ha plantado sus peores garras. Ninguno de los otros nominados alcanza su altura.

Sin embargo, por razones políticas el favorito es Mahershala Ali por su personaje de Juan en «Luz de luna» (Moonlight), un noble comercializador de drogas que sirve de figura paterna a Chiron, un joven afrodescendiente en busca de su identidad. Podría dar la sorpresa Dev Patel, como Saroo en «Un camino a casa» (Lion), que mantiene una performance de primer nivel para hacer creíble a un hombre de casi treinta años adoptado por una familia australiana blanca y acomodada, que luego de veinticinco vuelve a la India a buscar a su familia sanguínea. El joven Lucas Hedges, por «Manchester by the sea» y Michael Shannon, por «Animales nocturnos» (Nocturnal animal) tienen buenos desempeños, pero están lejos del nivel de Bridges. De ambos el que más sorprende es Hedges, cuya construcción del papel de un adolescente con graves conflictos que se queda sin familia le ha merecido ser el más joven de la historia en estar en este quinteto.

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO

 Viola Davis (51) es la casi segura ganadora y se lo merece. Su personaje de Rose Maxson, la esposa de Troy (Denzel Washington), en «Fences» (Vallas) es tierno y devastador a la vez y depende por entero de su capacidad actoral para hacer brotar de ella un grito de decepción largamente contenido, pero a la vez un instinto de sobrevivencia a prueba de todo. Ninguna de sus contendoras ha tenido a su disposición un personaje de tanta riqueza y complejidad. Tal vez Naomie Harris («Luz de luna») y Octavia Spencer («Figuras ocultas»), ambas también de ascendencia africana, se acercan a su nivel, pero es difícil que puedan dar la sorpresa. Nicole Kidman («Un camino a casa») está impecable como siempre, pero la brillantez de su papel es bastante menor a las otras. Lo mismo le sucede a Michelle Williams («Manchester by the sea») que además tiene un personaje con menos matices, pero que aun así puede lucirse en una escena fundamental en el guion.

MEJOR ACTOR

 Esta es la categoría más difícil de definir en el rubro actoral. Los cinco nominados han tenido a cargo papeles exigentes y los han desarrollado de un modo notable. Sin embargo, nos parece que Casey Affleck (41) merece quedarse con la estatuilla por su complejo Lee Chandler, un hombre solitario que carga un dolor que no puede superar. Toda la película recae en su poder para transmitir ese dolor a través de movimientos de cuerpo y rostro y el manejo de su mirada, al punto que si uno lo ve con atención es imposible no empatizar con él incluso en sus estallidos de violencia. Ha sido una suerte un tanto extraña que la complicada agenda de Matt Damon, el protagonista original y finalmente productor de la cinta, haya hecho necesario convocar a Affleck casi a último momento. Una denuncia por acoso sexual y una posible respuesta política contra la ola racista post-Trump podría quitarle el premio.

Denzel Washington («Fences») y Vigo Mortensen («Capitán Fantástico») también merecen la estatuilla. El primero nos brinda un personaje que al final no sabemos si querer u odiar y que atrae por una mezcla de carisma, autoritarismo y vulnerabilidad. El segundo nos genera una ambivalencia parecida: o se le toma como un irresponsable ególatra o como un iluminado. Ambos demuestran una madurez actoral muy por encima del promedio. Los papeles de Ryan Gosling (es posible que el arrastre de «La la Land» lo deje como el finalmente premiado) y Andrew Garfield, son correctos, pero tienen serias deficiencias. Gosling tiene un carisma arrollador y su sola presencia es capaz de iluminar una escena, pero se nota demasiado que su nivel para el canto y el baile quedan muy por detrás de las necesidades de un musical tan bien montado. Garfield ha redondeado muy bien un personaje que tiene de fanatismo y de inocencia, pero queda demasiado cerca del estereotipo como para quedar indemne.

MEJOR ACTRIZ

 Pocas veces dos leyendas han coincidido en una misma categoría. Meryl Streep («Florence Foster Jenkis») e Isabelle Huppert («Elle») tienen todos los merecimientos para ser premiadas y en cualquier caso esa premiación será histórica. Si bien han trabajado personajes diametralmente diferentes cada una ha sabido aportarles características insustituibles. Florence Foster le debe a Streep (67) una meticulosa orquestación de respiraciones, movimientos, gestos, gags, miradas e inflexiones de voz que han dado a luz a una mujer de una fragilidad inquietante, un registro pocas veces visto en su carrera. Además, el papel le ha exigido cantar minuciosamente mal y en alguna escena ha debido representar a una actriz mediocre, y en todo ello ha cumplido con maestría. La Michelle Leblanc de Huppert (63) es fascinante, desgarradora y a ratos, atemorizante. Es un personaje sacado de lo más hondo de una actriz capaz de poner luz, con agudeza y sensibilidad, sobre los lados más oscuros del alma femenina.

Natalie Portman ha cumplido un gran trabajo como Jackeline Kennedy en «Jackie», pero el gran peso del personaje parece haberle jugado en contra; por ratos convence, pero por otros es inevitable verla a ella y no al ícono. Por su parte Ruth Negga ha sabido darnos a una mujer entrañable dentro de la conmovedora historia de una pareja interracial que debe enfrentarse a las leyes para hacer prevalecer su relación. Los soles que son Streep, Huppert  y Portman no le dejan mucho espacio para brillar. Si el Oscar va a Emma Stone («La la land») será por cuestiones completamente extra-actorales, dado que su personaje se encuentra dentro del mismo registro al que nos tiene acostumbrados y que su nivel de exigencia es bastante menor al de sus competidoras. Tiene un par de buenas escenas, pero en circunstancias normales eso habría sido insuficiente incluso para tentar una nominación, más aún si se tiene en cuenta ausencias brutalmente injustas como las de Amy Adams («La llegada» o «Animales nocturnos») y Annette Bening («Mujeres del siglo XX»).

MEJOR PELÍCULA DE HABLA NO INGLESA

En particular me gustaría que gane la danesa «Under sandet» (Bajo la arena), una obra sobre adolescentes alemanes prisioneros de guerra obligados a desactivar minas en las playas danesas luego de concluida la Segunda Guerra Mundial. Aparte de abordar un tema novedoso y muy humano es tensa y puede movernos fibras muy profundas y aportarnos una mirada distinta a la común sobre nuestra relación con “el enemigo”. La sueca «En man som heter Ove» (Un hombre llamado Ove) es cumplidora, relajada y carece de los excesos de «Tony Erdmann», a pesar de abordar un tema similar: la soledad y la incapacidad que tenemos algunos para ser felices.

La crítica da por hecho que este Oscar irá a manos o de la iraní «Forushande» o de la alemana «Toni Erdmann», la más breve (70 minutos) y la más extensa (150 minutos), respectivamente, aunque después de la prohibición antimusulmana de Trump es posible que la respuesta de la Academia sea premiar a la primera. Ambas, sin embargo, nos parecen demasiado cerebrales y descuidan la conexión emocional con el espectador. Si uno no se mete de lleno en ellas corre el riesgo de sentir por ratos que no está pasando nada, a pesar de que no es así. A la alemana parecen sobrarle treinta minutos y a la iraní faltarle quince y su elección demuestra que Hollywood le está prestando más atención a las propuestas que se mueven en sus antípodas en cuanto a profundidad y ritmo.

MEJOR PELÍCULA

Este año no hay una obra maestra entre las nominadas, lo que sí podía decirse el año pasado (aunque no ganó) de «Mad max: furia en el camino» . La fiebre por «La la land» parece haber jugado en contra al momento de elegir. Pese a esta distorsión se cuenta con una muy buena selección que vale la pena comentar.

Si tuviese que elegir a una sola esa sería «Nada que perder», un neo-western que sirve, a la vez, como una crítica agria al actual sistema económico y político estadounidense y como una honda reflexión sobre la soledad del ser humano. El sol arrollador sobre los amplios desiertos tejanos entre los que deben moverse los protagonistas es una metáfora muy bien planteada que tiene de decepción y de esperanza. Aparte de tener una muy buena fotografía y una banda sonora atractiva, las actuaciones son sólidas y en ellas destacan, además de Jeff Bridges, unos sorprendentes Chris Pine y Ben Foster, que hacen su ingreso a las ligas mayores del cine. El Oscar se hubiese prestigiado de haber reconocido a su director David Mackenzie, pero ni siquiera lo nominó.

Mi segunda opción es «Manchester by the sea» que no debiera traducirse, pues se trata del nombre de una ciudad que es parte del eje de la trama. Es una obra que le debe casi todo a la magistral actuación de Casey Affleck y que sin embargo funciona perfectamente como una historia íntima de desgarro del que podemos sacar muchas lecciones. En una línea parecida se encuentra «La llegada» (Arrival), donde la ninguneada Amy Adams actúa con solvencia y precisión y en la que su director Denis Villeneuve sabe manejar con destreza una “invasión” alienígena que sirve como perfecto pretexto para hablar sobre nuestra capacidad de comunicarnos y de sanarnos. Sería una adecuada elección para el rubro de mejor director.

Nuestra cuarta opción es «Luz de luna», en la que acompañamos a Chiron por tres etapas de su vida (niñez, adolescencia y adultez) en una lucha constante por aceptarse y por encajar. Los suburbios pobres de Miami son el telón de fondo de un muchacho afro que debe lidiar con el estigma de su homosexualidad que le ha acarreado no solo el acoso de sus compañeros de clase sino también el maltrato de su madre y una inseguridad abrumadora.

«Un camino a casa» es tal vez la más conmovedora de todas y la que mejor funciona para ver en familia. Financiada por una ONG dedicada a la atención de niños desaparecidos, busca llamar la atención sobre esta problemática. Las actuaciones de Sunny Pawar (Saroo niño) y de Lev Patel (Saroo adulto) cumplen su cometido de acercarnos al drama de un niño indio de extrema pobreza que se pierde y que veinticinco años después deja su cómoda casa en Australia donde fue adoptado para buscar a su familia sanguínea.

«La la land» es entretenida, cuenta con una producción perfecta y está muy bien lograda como musical, pero no emociona demasiado. Debe tener algo que la Academia ve y nosotros no para pasar a la historia como una de las tres más nominadas (14). El hecho de rendir homenaje a Los Angeles (LA, de allí su título) y el eterno mirarse al ombligo de Hollywood puede ser la explicación para tal exceso.  Tal vez con un casting mejor hubiese elevado su nivel, pero si algo debe aprovecharse de ella es su banda sonora: no en vano dos de sus canciones compiten hoy: «The fools who dreams» y «City of stars».

«Hasta el último hombre» (Hacsaw Ridge) cuenta con impactantes escenas de guerra y una buena historia, pero el histrionismo de Garfield y la excesiva religiosidad de su director, Mel Gibson, la deslucen. A pesar de las excelentes actuaciones de Viola Davis y Denzel Washington, «Fences», como conjunto, es una de las más flojas de esta categoría, pero son pocas las ocasiones en que puede verse a una pareja de grandes actores levantar casi solos el nivel de una obra. «Figuras ocultas» (Hidden figures) cuenta también con excelentes actuaciones y es entretenida, pero responde casi a una estructura de manual y pone demasiado énfasis en una visión maniquea de afroamericanas buenas y blancos malos. En sí misma la historia justifica su presencia en esta lista (uno de los primeros grupos de científicas afrodescendientes en la NASA de mediados del siglo pasado).

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