MIGUEL GUTIÉRREZ: LA VIOLENCIA DEL TIEMPO

Miguel Francisco Gutiérrez Correa acaba de dejarnos, a trece días de cumplir 76 años de edad, de un modo discreto y fulminante, como suele ocurrirle a los genios. Lo hace legándonos una obra inconmensurable, sin lugar a dudas la más importante que haya sido escrita por un piurano, comparable únicamente con otras de valor universal como las de Joyce, Faulkner, Tolstoi, Kakfa, Dostoyevski o De Balzac, algunos de sus principales referentes literarios.

Ideólogo y fundador del «Grupo Narración», Gutiérrez pertenece a una estirpe de escritores de estilo realista y amplios conocimientos no solo literarios sino también políticos y filosóficos. Es un tipo de creador de los que cada vez hay menos, capaz de comprometerse con una ideología política como la de la izquierda radical y mantener al mismo tiempo un rigor académico de altísimo nivel y profundos cuestionamientos. Por eso también es de enorme valor su obra ensayística, enfocada principalmente en la novela como forma literaria y en el análisis de la nueva narrativa peruana. Es conocida su generosidad para conversar sin falsas pretensiones con escritores jóvenes y, en realidad, con cualquiera que se interesara por sus temas: no era raro verlo por bares y cafés conversando con pasión e interés con ilustres desconocidos.

Gutiérrez es quizá el más infravalorado de nuestros escritores y eso es un demérito de nuestra sociedad y de nuestro sistema educativo. Acostumbrados a la parafernalia y al ruido, su obra ha pasado por nuestras vidas con un recato que debiera cesar cuanto antes. Nos encontramos ante un escritor fundamental. Pocos como él fueron capaces de crear un mundo literario de alcance universal que a la vez que nos confronta con la complejidad del ser humano nos muestra los procesos sociales que le han dado forma a nuestro país. En su obra, además, Piura ha tenido una importancia central. Como lo señaló en una entrevista del 2013, la discriminación racial que vivió aquí hasta sus diez años lo marcó y la experiencia de la autoridad de su abuelo paterno le permitió un conocimiento precoz de la violencia, uno de sus principales temas.

De esas vivencias nacería una obra como «La violencia del tiempo» (1991), novela de casi mil páginas en la que narra una saga de cinco generaciones de la familia piurana de los Villar. Se trata de un gran fresco de pretensiones proustianas capaz de representarnos a través de múltiples historias perfectamente hilvanadas la confrontación entre mestizos pobres y terratenientes en esa Piura que parece olvidada ya, pero cuya existencia explica en muchos sentidos un fractura social que sobrevive y que sigue condicionando nuestra vida en pleno siglo XXI.

La preocupación de Gutiérrez por darle voz a los derrotados y humillados es genuina, no está sujeta a concesiones y está revestida de un manejo preciso de diferentes y modernas técnicas narrativas, además de un sentido épico de la novela que solo logran los grandes autores. Por eso la influencia de su obra es cada vez mayor entre los nuevos narradores y es seguro que esta se irá acrecentando. A ellos les enseñará, además, a adentrarse en sus propias realidades como él lo hizo: escuchando todas las voces con la curiosidad del que intenta entender sinceramente sin pretensiones academicistas que lo alejen de la esencia de lo humano. Con Gutiérrez es posible entender que se puede hablar del Hombre y del Universo desde un día de jornal de un campesino de la sierra de Piura o desde la experiencia de una mujer pobre que se enfrenta a una pasión que no puede dominar.

Los piuranos deberíamos acercarnos con satisfacción y orgullo a una obra estudiada en las universidades más prestigiosas de Europa y Estados Unidos y publicada por una editorial transnacional como Penguin Random House en las ciudades más importantes del mundo. Deberíamos también hacer todo lo necesario para difundirla más allá de los círculos académicos y literarios. La obra de este exalumno salesiano merece ser compartida. La Universidad Nacional de Piura, que se honró otorgándole un doctorado honoris causa en octubre del año pasado, debiera tomar la iniciativa de difundir su legado, crear una cátedra en su nombre, convocar congresos internacionales para discutirlo con la más absoluta libertad, como a él le hubiese gustado. Más importante que eso: si este año usted va a leer un solo libro no dude en escoger uno de Gutiérrez, pues no hay ninguno que pueda dejarnos indiferentes, ya sea, por ejemplo, «El viejo saurio se retira» (1969), «Hombres de caminos» (1988), «La violencia del tiempo» (1991), «Babel, el paraíso» (1993), o «El mundo sin Xóchitl» (2001).

Cualquiera de ellos es una puerta de entrada a un mundo lleno de cuestionamientos y asombros y de aquella violencia del tiempo en la que Miguel Gutiérrez se ha sumergido desde ahora por toda la eternidad, como Primorosa Villar o uno de sus tantos personajes.

(Publicado en el suplemento SEMANA del diario EL TIEMPO de Piura el 17 de julio de 2016.)

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