LOCOS DE AMOR

Normalmente una mala película no la es totalmente. Alguna escena, línea de diálogo o actuación pueden salvarla o, quién sabe, hacerla inolvidable. Algo de eso sucede con «Locos de amor». Racionalmente uno tendría que afirmar que, como película, es un fracaso rotundo, pero sería injusto decirlo así sin más.

Para empezar, es el taquillazo cinematográficamente mejor realizado de Tondero Producciones, aunque sus antecedentes («Asumare» 1 y 2, «A los 40» y «Lusers») no hacen muy meritorio ese logro. Es más meritorio haberse arriesgado por un género, el musical, prácticamente abandonado desde siempre por el cine peruano, aunque el riesgo no haya sido superado. En un artículo reciente, el crítico Ricardo Bedoya precisa que, más que un musical, «Locos de amor» es una película con canciones, y no le falta razón.

Difícilmente puede comparársele con musicales como «Evita» (1996), de Alan Parker; «Moulin rouge» (2001), de Baz Luhrmann; «Chicago» (2002), o «En el bosque» (2014), ambos de Rob Marshall, o «Mamma mia» (2008), de Phyllida Lloyd. Y ya no se diga de «Bailando en la oscuridad» (2000), de Lars von Trier, o «Los miserables» (2012), de Tom Hooper. Independientemente de su mayor o menor calidad, todas estas películas comparten un sentido del espectáculo en el que la «música» parece ser la única forma en que la historia puede ser contada. La música, las canciones, potencian la narración, le dan una fluidez mágica, son la narración misma y no un simple adorno puesto allí para cumplir, aunque sea en apariencia, con el canon del género. Ese es el principal problema de «Locos de amor» y por eso falla con tanta rotundidad.

La historia está hecha más como una impostura, tiene el nivel de una obra de kermesse universitaria donde importa más ganarse algunas risas con el recurso fácil de sorprender al espectador con la primera tonada o frase de una canción con la que, se sabe, él se identifica, aunque esta no aporte nada a lo contado. O introduciendo el justo ingrediente de palabras soeces típicamente peruanas. Y logra esas risas, pero sustancialmente no logra más.

Sorprende que con todos los recursos económicos con los que cuenta, Tondero encargue sus guiones a personas que, es evidente, no tienen las capacidades narrativas suficientes para este nivel de películas. Menos aún, que encargue la escritura de una obra de un género tan complejo como un musical a personas sin ninguna experiencia en ello. Quizá en decisiones como estas radiquen los principales problemas de una productora que ha demostrado sobradamente que puede lograr grandes éxitos.

Tondero pone un excesivo cuidado en los aspectos de mercadeo de su producto (nicho al que se dirige, contratación de estrellas de arrastre popular, opción por un cine ligero que tiene la capacidad de captar mayor audiencia, contratación de un director con oficio, uso de tecnología avanzada, entre otros). Eso está bien y en eso deberían seguirla las otras productoras peruanas. Pero se olvida de lo más importante: hacer cine. Para ello se necesita una historia bien estructurada (el guionista es fundamental) y un director que tenga el manejo creativo de la obra y que no se enfrente a ella como un técnico que une piezas de un motor siguiendo un manual.

En una entrevista Pérez Garland, el director, señaló que nunca había imaginado hacer un musical, pero que cuando Tondero lo contactó para hacer este (un proyecto que estaba casi solo por comenzar a filmarse) tomó el reto y se dedicó a estudiar referentes, uno de ellos el «Mamma mia», de Phyllida Lloyd. Tal vez lo mejor que aporta «Locos de amor» se deba al oficio de este director que ha sabido maquillar con artilugios de cine una obra fundamentalmente vacía, aunque no haya podido lograr conectar con el corazón del género. Ni siquiera como lo hace Lloyd en esa película encantadora, pero menor, que protagoniza la inconmensurable Meryl Streep.

Algo logran por momentos las grandes actrices que son Ana Cecilia Natteri (la única que no canta) y Lorena Caravedo, que levantan la película todo lo que pueden. Y también, en menor medida, Gianella Neyra y Jimena Lindo, que con sus recursos actorales sacan adelante personajes sin mayor profundidad. Por lo demás, los papeles de los varones presentan graves problemas de verosimilitud con los que ni siquiera puede un actor con oficio como Giovanni Ciccia.

Decíamos al inicio que no era posible decir que esta es una mala película sin más ni más (tal vez ninguna lo sea de ese modo). En todo caso, con todas sus limitaciones, «Locos de amor» es un nuevo hito en la producción cinematográfica peruana. Esta debe seguir ampliándose a nuevos géneros para satisfacer a un público que, como lo demuestran las cifras de taquilla, no siempre le niega oportunidades al cine nacional.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s