CINE PERUANO Y HOMO-SEXUALIDAD

Fue una grata sorpresa que «Sebastián», la ópera prima del joven director chiclayano Carlos Ciurlizza, haya sido estrenada en Piura. Aun cuando solo fue programada en cuatro horarios es un importante avance, no solo porque se trata de una película peruana sino porque su temática todavía es resistida en nuestro país.

Se trata de la historia de un hombre homosexual joven que, luego de ocho años, y a causa del grave estado de salud de su madre, vuelve por primera vez a su tierra natal, Ferreñafe (Lambayeque), desde Los Angeles (California). La historia ahonda en los conflictos y dificultades de vivir dos vidas distintas en dos mundos con costumbres diametralmente opuestas. California es presentada como el paradigma del mundo libre, donde la orientación sexual no genera riesgos ni problemas para la vida de sus ciudadanos. Allí Sebastián se ha casado con un hombre estadounidense de su misma edad y vive libremente con él: por sus calles pueden caminar cogidos de la mano, y vivir como cualquier pareja. Ferreñafe, por el contrario, es el prototipo de la represión, de la tradición que no admite ser contradicha, de un machismo casi sin fisuras que se impone, como un opresivo Leviatán, sobre la libertad de cada individuo.

Sobre esa oposición está construido un relato centrado en exponer las principales taras de Ferreñafe y sus habitantes, al punto que estos terminan siendo delineados como arquetipos de la falta de libertad. Así, la madre de Sebastián (una notable Myriam Reátegui), ha sido dibujada como la típica mujer conservadora del norte, capaz de dar la vida por el amor a su hijo, pero incapaz de aceptar lo que no entiende. Del mismo modo sus amigos son revestidos de un machismo simple, casi sin matices, y las tres chismosas (Eva Ayllón, en su debut actoral, entre ellas), parecen haber sido sacadas de una obra de teatro griego antiguo para representar a la hipocresía, la cucufatería y el fanatismo religioso que seca el alma de quien cae en él.

Algunos personajes le dan mayor frescura al relato, uno de ellos, la exnovia del protagonista, Lucía; el otro, el hijo de ambos, Nicolás, que cumple la función de hacer explotar el dilema central de la cinta: vivir para uno mismo o vivir para los demás; preferir el amor sensual o el amor filial.

El director ha contado que esta es una cinta muy personal, que se basa en un 40% en sus vivencias, y que no la hizo pensando en dar un mensaje a favor de la causa de la igualdad y la tolerancia hacia los homosexuales. A pesar de que la mayoría de giros del relato no corresponde a su vida, es inevitable pensar que los puntos más flojos de la película han sido causados por una actitud militante, tal vez inconsciente, que nace de la experiencia de vida del director, que también es guionista y protagonista de la cinta.

Eso es notorio en la linealidad de los personajes antigay, que son presentados como caricaturas, y en varias líneas de diálogo que son parte del cliché del discurso progay. Ciurlizza también dejó Ferreñafe por Los Angeles para vivir libremente y también sufrió la muerte de su madre en circunstancias parecidas a las de la película, y por eso es posible que esta carga emotiva haya saturado el guion. Por eso es que las mejores partes las logra cuando se acerca a los personajes que están fuera de ese entorno sentimental directo. Por ejemplo, cuando presenta el dolor de Lucía (una creíble Katerina D´Onofrio) luego de descubrir que Sebastián no solo desea sino que también ama a otro hombre (Josh, un impecable Burst Grinstead). O cuando sigue al pequeño Nicolás (un eficiente Brando Gallesi) en sus recorridos de niño de campo que descubre el mundo y que tiene un padre homosexual.

UNA TEMÁTICA SOBRE LA QUE EL CINE NECESITA ROMPER ATADURAS

«Sebastián» es una obra valiosa, a pesar de sus altibajos. Lo es principalmente por el tema que trata y porque nos enfrenta a una realidad que muchas veces nos negamos a ver y que muchos, sobre todo en el Perú, suelen despreciar casi por principio.

Esta situación ha hecho muy poco frecuente la producción de obras (cine, literatura, teatro) que aborden con brío esta temática. La mayoría de veces el tema ha sido tratado desde la caricatura del homosexual, del transexual o del travesti (pienso en el personaje transexual de «Alias La gringa», y en el Fulvio Carmelo, de «Motor y motivo») y muy pocas veces se ha profundizado en la complejidad de sus dramas o de sus alegrías. Por eso es natural que las pocas películas que han abordado el tema con respeto hayan llegado desde la militancia (además de Ciurlizza, el otro caso emblemático es Javier Fuente León, director de «Contracorriente»).

Tal vez ya sea hora de que se haga un cine en el que no sea necesario hacer militancia por algún tema. Nos falta un cine que muestre con naturalidad la valía de las personas y de sus vidas, independientemente de su sexo, raza u orientación sexual. Uno que muestre a través de las historias de muchos hombres y mujeres, más oprimidos o más libres, lo mucho que el ser humano comparte una misma esencia y cómo desde cualquier experiencia todos de un modo u otro miramos avanzar nuestras vidas igualmente absortos.

(Publicado en el suplemento SEMANA del diario EL TIEMPO de Piura el 12 de junio de 2016.)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s