¿QUIÉN ES DARTH VADER?

«Star wars» no es solo la saga cinematográfica más exitosa de la historia del cine: es un fenómeno de masas convertido en parte de la cultura popular de los últimos cuarenta años. Desde esa posición ha labrado tendencias —que exceden las de la industria del cine— en un amplio sector de la población, principalmente de las ciudades.

Según cifras confiables, desde su estreno en 1977 ha recaudado cerca de treinta mil millones de dólares. El episodio VII, que acaba de estrenarse, prevé recaudar ocho mil millones, seis de ellos en merchandasing y productos derivados. Su impacto, que no parece tener fin, ha generado innumerables estudios, tesis, libros, artículos y reflexiones, no solo artísticas sino, sobre todo, antropológicas, sociológicas, psicológicas y de marketing. ¿Qué tiene esta historia, aparentemente sencilla y con un guion muchas veces flojo para generar legiones de fanáticos que abarcan seis generaciones? ¿Por qué además es un ejemplo inmejorable de cómo funciona el mercado de consumo?

La respuesta es compleja e inabarcable. Hay demasiadas razones como para poder sintetizarlas y la mayoría de ellas están fuera de los bordes del ecran. Cuando George Lucas, su creador, grababa la primera película no tenía idea de la trascendencia que alcanzaría. Es más, muchos, inclusive él, estaban seguros de que no pasaría de ser un estreno más que el tiempo dejaría en el olvido. Por qué no fue así es un misterio con demasiadas respuestas. Tal vez haya contribuido a ello la banalización del bien y el mal dibujados con límites precisos en jedis y siths. O tal vez la épica de la lucha contra el «lado oscuro», tan afín a la naturaleza del ser humano que se siente más seguro cuando puede separar con claridad a los «buenos» de los «malos», a la tiranía opresiva de un Imperio y a los defensores de una democracia ideal de libertad y justicia.

¿QUIÉN ES DARTH VADER?

Y paradójicamente en Star wars queremos más a los «malos». Darth Vader es, de lejos, su personaje más representativo: se vende muchos más muñecos y máscaras de él que de Luke, Yoda o Han Solo. Lo conocemos muy bien. Sabemos que es el lugarteniente del Lord Sith Darth Sidious, el padre de Luke Skywalker, el aprendiz del maestro Jedi, Obi Wan Kenobi; que representa el mal, el amor mal entendido, el deseo de luchar contra la muerte a cualquier costo, de controlarlo todo. Conocemos de su arbitrariedad, de su capacidad de destruir mundos y de asesinar con sangre fría a amigos y enemigos. Pero a pesar de ello, también intuimos que solo sabe obedecer porque tiene un miedo que es incapaz de ocultar: al final de cuentas, también es un padre que ama a sus hijos y es un hombre que amó. Muchos pueden identificarse con la humanidad de su maldad y su capacidad de redención, pues de algún modo podríamos llegar a ser como él.

Hay, sin embargo, un Darth Vader que no conocemos. El mes pasado, aprovechando la atención que acapara nuevamente la saga se estrenó «I am your father», de Toni Bestard y Marcos Cabotá, el segundo documental en el que David Prowse, el actor bajo la máscara en los episodios IV, V y VI, cuenta cómo su participación fue casi enterrada por George Lucas. Es una historia de resentimiento e ingratitud. Por motivos que nunca le fueron explicados, primero su voz y finalmente su cara (en las únicas dos escenas en que Darth Vader se quita la máscara, al final del episodio VI) fueron reemplazadas por los actores James Earl Jones y Sebastian Shaw, respectivamente. Tampoco se le pagó las regalías pactadas sobre las ganancias porque —aunque suene inverosímil— LucasFilm probó formalmente que no las hubo.

Prowse, actor británico y antiguo campeón de halterofilia, fue elegido para el papel por sus dos metros de estatura y la contextura física que le daban sus 118 kg, las que, junto con sus recursos actorales, contribuyeron a darle a Darth Vader la presencia intimidante que lo caracteriza. Ahora, a sus ochenta años, no duda en señalar que fue humillado y que la permanente exclusión en la que se le mantiene, a pesar de que Lucas ya no tiene nada que ver con la saga, lo sigue afectando. En el estreno mundial del episodio VII será el único actor original vivo que no pise ninguna alfombra roja. Pero para él lo peor es que en el imaginario colectivo ya no es Vader.

De algún modo, sin embargo, puede sentirse reivindicado por J.J. Abrams, el director de la séptima entrega. Luego de vender los derechos sobre la saga a Disney, Lucas intentó seguir ligado a ella como asesor creativo de los futuros proyectos. Sin embargo, ha sido completamente excluido de la séptima entrega y, como ha declarado su hijo, se encuentra muy dolido por ello, aunque ha decidido guardar silencio.

El futuro de Darth Vader en el imaginario colectivo ya no le pertenece ni a Prowse ni a LucasFilm. Las primeras críticas especializadas apuntan a destacar que esta nueva película es cinematográficamente más sólida que las anteriores. Es posible que, como ocurrió con Prowse y su personaje, Disney logre romper una ligazón que se suponía indestructible, en este caso la del universo jedi-sith con su creador. Con ello, al igual que Prowse y Darth Vader, tal vez George Lucas pueda parecernos mucho más humano.

(Publicado en el suplemento SEMANA del diario El Tiempo el 20 de diciembre de 2015.)

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