FRANCISCO J. LOMBARDI

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El estreno de «Dos besos», su decimosexto largo, nos da la oportunidad de referirnos a quien es uno de los directores más importantes del cine peruano de todos los tiempos, no solo por sus múltiples reconocimientos nacionales e internacionales sino por una carrera fructífera de casi cuarenta años, de gran influencia en nuestro cine.

Francisco J. Lombardi (así firma sus películas), es autor de por lo menos tres de las obras peruanas más representativas de la historia: «La ciudad y los perros», 1985; «La boca del lobo»,1988; «Caídos del cielo», 1990. Ha dirigido también algunos de los mayores éxitos de taquilla del mercado nacional: «No se lo digas a nadie», 1998, y «Pantaleón y las visitadoras», 1999, así como otras que han llegado a convertirse en películas de culto, «Muerte de un magnate», 1980, y «Maruja en el infierno», 1983.

En todas sus obras, incluso en aquellas que un sector pudiese considerar fallidas (por ejemplo, las tres anteriores, «Mariposa negra», 2006; «Un cuerpo desnudo», 2008, y «Ella», 2009), es posible verificar que nos encontramos ante un cineasta en el sentido clásico, uno en el que se unen talento profesional y pasión por el oficio, hecho a la antigua, de esos que han encontrado en el cine su razón de vida. No decimos que sea su único interés, pues también ha dirigido obras de teatro, un club de fútbol (el Sporting Cristal, en los periodos 1994-1997 y 2000-2001) y la Federación Peruana de Fútbol, de la que fue vicepresidente entre el 2003 y el 2005.

Sin embargo, su principal lealtad ha seguido estando con el cine, con el que mantiene una relación tirante y ambivalente, cercana al amor-decepción. En la última década esto ha sido más evidente y se ha manifestado de mal modo: el público ya no le ha respondido con la misma afición de su primera etapa. Afrontar esta situación ha sido difícil para él y así lo ha reconocido sin ambages. Sus dificultades han sido creativas, pero también económicas, pues cada vez ha contado con menos posibilidades de financiar sus proyectos, algo que resulta desolador para nuestro cine si se tiene en cuenta que esto le pasa a su director más destacado. Y aunque no siempre lo ha dicho expresamente, en sus últimas obras y en la forma en que se refiere a su oficio en los últimos tiempos es posible vislumbrar un aire de cansancio y, tal vez, de depresión.

Como el ser humano que es, Lombardi no es indiferente a esta desconexión con su público. Ha manifestado, incluso, sentirse poco valorado en el país, a pesar de la convicción generalizada  sobre la valía de su obra y a los reconocimientos que se le siguen haciendo. En medio de todo eso nos deja en claro que alejarse del cine a sus casi setenta años no es una opción. Al contrario, todavía pretende llegar a la sección de competencia del Festival de Cannes y eso da cuenta de que su pasión está por encima de coyunturas y problemas y no deja de permanecer en ebullición.

«Dos besos» grafica muy bien esta actitud. Con ella, Lombardi pretende reconectar con su público, brindándole una historia menos intimista y más fácil de apreciar, que se sitúa al medio, entre un cine de autor y uno comercial. La historia recoge lo mejor de su buen oficio y, aun cuando la verosimilitud decaiga por ratos, no puede decirse de ella sino que es una película muy bien lograda: él mismo ha dicho sobre sí que puede hacer malas películas, pero que no las hace mal. Si bien ya no estamos en la etapa de «La boca del lobo», el director aún tiene mucho que dar y lo hace con madurez y cuidando no repetirse.

El Max de Javier Valdéz (con quien mantiene similitudes de apariencia y hasta de personalidad) es su alter ego, expresión de su desencanto con la vida y la imposibilidad de encontrar salidas incluso en su pasión (la poesía, en el caso de Max). Pero también hay algo de ello en la Nancy de la sorprendente Mayella Lloclla, una actriz principiante que lo ha dejado todo para actuar y que solo consigue frustración y debe conformarse con actuar en un teatrín viejo con unas cuantas personas como público. Y luego está Paola (o Paloma), que hace televisión basura con tal de alcanzar el éxito. Los tres puntos de vista desde los que se narra esta historia de infidelidades, inseguridades, desolación, rendición y terror (la última escena nos produce esa sensación) son como varias caras de una misma realidad que atañe sobre todo al director.

Ojalá «Dos besos» se mantenga en cartelera. Pero si no, les recomiendo vivamente visitar (o volver a hacerlo) la cinematografía de Francisco J. Lombardi. El Perú le debe mucho a este director y los que amamos el cine no podemos sino alegrarnos de que a pesar de todas sus complicaciones siga siendo fiel a ese amor y esperamos, sinceramente, que pronto llegue a Cannes dispuesto a estar en el palmarés.

(Publicado en el suplemento SEMANA del diario El Tiempo de Piura el 13 de septiembre de 2015.)

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