EL VALOR DE LOS PREMIOS OSCAR

La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas se ha equivocado constantemente al entregar el premio Oscar. ¿Qué valor puede tener este si en su categoría de mejor director ni siquiera se dignó nominar a genios como Charles Chaplin, Sergio Leone, Fritz Lang, Sam Peckinpah o Jean-Luc Godard? ¿O que a pesar de nominarlos, nunca premió a otros de la talla de Orson Welles, Stanley Kubrick, Robert Alman, Sidney Lumet, Akira Kurosawa, Federico Fellini o Ingman Bergman?

¿Puede tener tanto prestigio un premio al que ni siquiera fueron nominados en la categoría de mejor película obras maestras como «Psicosis» o «2001: Odisea del espacio», o que no premió como tal a «Apocalipsis ahora», «Vértigo» o «Pulp fiction»?

El Oscar es uno de los premios más importantes de la industria del cine en todo el mundo. Es, de lejos, el más conocido y el de mayor impacto, el equivalente a los premios Nobel. Pero al igual que este no está exento de errores u olvidos. Al fin y al cabo, como en el caso de la Academia Sueca, los que otorgan el Oscar son seres humanos (casi siete mil en total) con virtudes y defectos. Y en muchos casos con abundantes prejuicios.

EL RACISMO EN LOS OSCAR

 En la edición de este año se está hablando mucho de un boicot contra la ceremonia por la «supremacía blanca» entre los nominados: #Oscarsowhite, «el Oscar es muy blanco», es tendencia en redes sociales. Sorprende que una reacción de este tipo cobre tanto protagonismo recién, pues la queja es ya bastante antigua. En los ochenta y siete años del premio, solo 14 personas afrodescendientes han recibido la estatuilla en las categorías de mejor actor y actriz, principal y de reparto. Hattie McDaniel (mejor actriz de reparto, en 1940, por «Lo que el viento se llevó») tiene el honor de ser la primera persona de raza negra en ganar un Oscar.

Sin embargo, debieron pasar casi quince años para que una segunda fuese siquiera nominada (Dorothy Dandridge, la primera nominada en la categoría de mejor actriz, en 1954 por «Carmen Jones»). Cuarenta y nueve años después, el Oscar a mejor actriz fue entregado por primera vez a una mujer de raza negra (Halle Berry, en el 2001, por «Monster ball»). Morgan Freeman, Denzel Washington, Forest Withaker, Jamie Foxx, Cuba Goding Jr., Octavia Spencer, Monique Imes, Jennifer Kate Hudson, Whoopy Goldberg y Sidney Poitier (2 veces premiado) completan la lista. Son solo catorce de casi trescientos cincuenta premiados y más de mil setecientos nominados.

¿Hay racismo en los premios Oscar? Lo hay en una medida bastante cercana al racismo que hay en la sociedad estadounidense y, en general, en el mundo entero. Hollywood es un espejo en el que el reflejo del mundo no está tan distorsionado como quisiésemos pensar. Seguramente sería más fácil acusar a la Academia de racismo sin darnos cuenta de que este no es ajeno a la vida cotidiana, incluso en un país de altos estándares democráticos como los Estados Unidos, donde la segregación racial fue legal hasta 1964. Tampoco es ajeno en nuestro país. Como en Estados Unidos, son muy pocas las posibilidades de que las personas afrodescendientes, latinas, indígenas, mestizas o cobrizas, accedan a los medios de difusión masiva, y mucho menos en papeles estelares, ya sea de televisión o de cine.

El racismo no es la única discriminación que hay en Hollywood. También se discrimina por sexo, pues como denunció Patricia Arquette en plena ceremonia de premiación de los Oscar 2015, las actrices continúan recibiendo salarios muy inferiores a los de los actores. O por edad, sobre todo en el caso de las mujeres, donde la sexagenaria Meryl Streep es una excepción entre las actrices adultas mayores que tienen trabajo vigente. O contra los gays, como ha precisado Sir Ian McKellen, un actor inglés excepcional, homosexual y gran activista por los derechos de la población LGBTI. O contra los comediantes y las comedias, ambos subvalorados y excluidos por la Academia, tal como lo ha denunciado Thomas Jacob Black, «Jack Black», cómico de grandes recursos actorales. O contra los latinos, a quienes Hollywood confina a papeles de inmigrante ilegal, narcotraficante u otro tipo de delincuente, como un indignado Ricardo Darín ha contado en varias entrevistas.

¿VALE LA PENA EL OSCAR?

Es mejor ver a los Oscar con ojos críticos. Aparte de la discriminación que trasluce, debe tenerse en cuenta que sus criterios de selección no son únicamente artísticos. A veces, incluso, no lo son en absoluto. También son políticos o, patrioteros, o tienden a lo moralmente correcto. De otra manera no se explica cómo películas tan menores como «Crash», «Argo» y «Birdman» hayan superado a obras mayores como «Brokeback mountain», «Amour» y «Whiplash», en el 2005, 2012 y 2015, respectivamente.

Sería injusto, sin embargo, señalar solo sus errores y no sus aciertos, que también son muchos, por lo que siempre es útil como referencia del buen cine. La condición es que no sea la única referencia, pues de ese modo nos perderíamos la mayor parte de las buenas películas. Otras de igual valor o, generalmente, mayor, son las selecciones de los festivales, especialmente los de más prestigio, como Cannes, Venecia, Berlín, Sundance, Toronto, entre otros, todos ellos muy lejanos emocionalmente de nuestra cultura. En el cine, para bien y para mal (me temo que más para esto último), el Perú es hollywoodense, aunque muy lentamente empieza a dejar de serlo, bajo la influencia de esfuerzos aislados, pero permanentes de los festivales independientes (el Festival de Lima, Transcrinema, el Outfest, el Festival de Cine Europeo, el Festival Al Este de Lima, entre otros), y de los cineclubs que existen, incluso, en Piura.

Hemos labrado una relación emocional con Hollywood. Ha ocurrido a través de los ecos de la premiación con los que hemos crecido y que a muchos nos hace recordar, sin haberlo conocido necesariamente, voces como la de Pepe Ludmir. Por eso podemos identificarnos con sus cánones. Por ejemplo, hemos copiado su alfombra roja que usamos en los estrenos de películas nacionales, así como una cierta afición por la moda que se exhibe en ella de modo exuberante.

Pero no solo nos da frivolidad. Las distribuidoras suelen esforzarse en programar la mayor cantidad de películas nominadas y premiadas, pues saben que un importante sector irá a verlas solo por tener esa calidad. Cuando «La teta asustada» ganó el Oso de Oro de Berlín en el 2009, muy pocos peruanos se dieron por enterados. Pero la ceremonia del Oscar de marzo del año siguiente, donde la misma película estuvo nominada en la categoría de mejor película extranjera, alcanzó por primera vez en la historia de nuestro país 34 puntos de rating (con picos mayores a 62 en algunos sectores). Es decir, el Oscar también sirve para acercar al público a un cine que, con sus defectos, tiene mucho de valioso, y eso también hay que agradecérselo.

(Publicado en el suplemento SEMANA del diario El Tiempo de Piura el 21 de febrero de 2016.)

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