EL DESPERTAR DE LA FUERZA (STAR WARS: EPISODIO VII)

Al Vaticano no le gustó el Episodio VII. O al menos no al anónimo crítico de cine de L´Osservatore Romano, su diario oficial, que la calificó como «confusa y sin enfoque» y como una gran decepción si se le compara con sus predecesoras, a las que, en contraste, definió como «transparentes, plácidas y solemnes».

Es difícil hacer un juicio neutral con una saga que forma parte de la cultura popular y despierta fanatismos y admiración en millones de espectadores de todas las edades en el mundo. La madrugada del 17 de diciembre todas las salas de cine del país estuvieron copadas. Incluso para alguien que no es fanático resultaba especialmente interesante ser parte de ese rito y escuchar los aplausos estridentes de todo el auditorio apenas la música inicia y las letras del título aparecen.

Posiblemente el crítico del Vaticano no es un fanático de la saga. O tal vez sí y ello haría entendible el apasionamiento de su crítica. En todo caso, si un periodista de la Santa Sede —por antonomasia alejada de lo mundano— puede apasionarse de ese modo entonces es claro que esta ya ha sobrepasado los límites de su propio mundo, el del cine. Esa trascendencia era el tesoro que había que cuidar al máximo y por eso todos los que queremos la saga temimos lo peor cuando la franquicia fue vendida a Disney. Olvidamos que dicho imperio no fue levantado por obra de la suerte.

Como era natural, Disney tomó algunas decisiones muy acertadas: ubicó la historia treinta años después del final del Episodio VI para incluir a los actores principales de las películas originales y utilizó un guion que bebe de un paralelismo armónico entre la historia original del joven jedi Luke Skywalker y la de la nueva protagonista, Rey. De ese modo busca conectar profundamente al antiguo con el nuevo público. Que un padre al borde de los cuarenta vea la película con su hijo menor de edad y le explique el origen de los personajes, o los hitos de la historia, es una experiencia impagable para afianzar los vínculos familiares. Es más que eso: es hacer conversar al niño de los ochenta, que ahora es padre, con el niño de hoy que en algunos años tendrá sus propios hijos. Eso lo sabe muy bien Disney y por eso no han faltado los comerciales en los cuales esta relación padre-hijo o hija ha sido expuesta con un sentimental énfasis, con el objetivo no solo de vender esta película sino de crear nuevas generaciones de fanáticos. Es cierto que, visto así, el consumismo ingresa a las relaciones filiales, pero eso es inevitable en estos tiempos y es un tema que excede a estas líneas.

En ese mismo sentido es adecuado haber mantenido a John Williams, ahora de 83 años, a cargo de la banda sonora. Es que no solo los personajes envejecen sino también sus autores originales. Este tema es un filón de interés, pues mostrar el envejecimiento de los actores reales enfundados en sus personajes, es decir, mostrar que hasta nuestros héroes envejecen ayuda a los más jóvenes a mirar a esta etapa de la vida con mayor naturalidad y a liberarla de prejuicios. Y con los arreglos de Williams podemos decir que sobre la música, es decir, sobre lo que realmente importa, el tiempo nunca pasa.

Otra decisión acertada es haber elegido a J.J. Abrams (Nueva York, 1966) como director de este episodio (no lo será en los siguientes dos), un realizador y guionista de experiencia que ha tenido oportunidad de llevar a las pantallas la nueva versión de «Star Trek» y de dirigir una de las más sólidas versiones de «Misión Imposible». Abrams no es solo un profesional con brío y conocimiento sino, sobre todo, es un fanático de «Star Wars», un niño que creció viendo deslumbrado las películas originales y coleccionando calcomanías, sables láser, máscaras, figuras a escala.

El equilibrio de ambas características, la del profesional y la del fanático, le ha permitido crear su propia versión de la historia, alejada de las imposiciones de LucasFilm, pero respetuosa de su legado. En ese equilibrio radica también el éxito que sigue cosechando. Abrams y Disney son conscientes de que están al mando de un mundo que no les pertenece y que solo pueden hacer suyo mejorándolo, pero cuidando al máximo su esencia.

Hay varios puntos débiles y esperamos que cada espectador pueda ubicarlos según su criterio. Hay también muchas fortalezas, entre las que podemos contar la presencia del androide BB-8 (quizá el aspecto más Disney de la cinta), los nuevos hérores, en especial, Rey; el nuevo villano, Kylo Ren, que corre el riesgo de ser incomprendido por el público, así como giros de guion que generan altas expectativas sobre los próximos episodios. Sin embargo, creo que debemos esperar el Episodio VIII, previsto para el 2018, para tener una opinión más clara sobre «El despertar de la fuerza». No está de más recordar que la película de 1977 podría haber sido olvidada —y con ella, todo el mundo de jedis y siths— si el Episodio V, «El Imperio contraataca» no le hubiera dado partida de nacimiento a un fenómeno cultural que dista mucho de desvanecerse.

(Publicado en el suplemento SEMANA del diario El Tiempo el 27 de diciembre de 2015.)

 

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