CINE PERUANO EN EL 2015: UN BALANCE

el

El cine peruano ha establecido una nueva marca. El estreno de cerca de treinta títulos —un logro inimaginable hace poco—  se ha concretado además con una taquilla que supera los cinco millones de entradas (20% más que la del 2014) y algunos títulos de alta calidad.

Esta situación, sin embargo, no debiera generarnos esperanzas excesivas. Nuestra cifra es muy pequeña si la comparamos con la de Argentina, Brasil o México. La cantidad de público que ha respaldado nuestras producciones es, también, bastante reducida. Tres quintas partes de esa taquilla pertenecen a «Asu mare 2» (tres millones de espectadores), lo que casi dobla el monto de su más cercano competidor extranjero («Rápidos y furiosos 6», que vendió un millón setecientos mil entradas), y cuadruplica la de la segunda película nacional («Lusers», con setecientos cuarenta mil).

Peor aún, la recaudación del cine nacional apenas representa una fracción menor del mercado nacional, que se aproxima a los cuarenta millones de entradas. En este los estrenos de Hollywood siguen llevando una amplia ventaja, lo que le impide a la producción nacional competir en igualdad de condiciones y la condena a medrar a salto de mata y realizar excesivas concesiones tanto en términos comerciales como artísticos. Bajo estas condiciones estamos muy lejos de hablar de una industria cinematográfica peruana y a ello siguen contribuyendo el limitado apoyo del Estado, y el público, que sigue careciendo de voluntad, formación y opciones para acceder a otro tipo de cine o para disminuir sus prejuicios frente al cine nacional.

No obstante, el número de estrenos propios es una hazaña digna de elogio y lo es más aun la calidad de cinco películas que, por su consistencia artística, son lo mejor que nos ha pasado este año. «Magallanes», de Salvador del Solar, y «NN», de Héctor Gálvez, comparten la temática de las secuelas de la violencia terrorista y son, de lejos, las de mayores virtudes en la dirección, el guion, la actuación y la edición. Adicionalmente, contribuyen de un modo equilibrado, profundo y sincero a la reflexión sobre una problemática fundamental de nuestra historia reciente, que un gran sector todavía quisiera mantener bajo la alfombra: la discriminación racial como factor trascendental de las violaciones de derechos humanos de esa época, la responsabilidad de las Fuerzas Armadas en ellas, la falta de políticas estatales para la búsqueda de personas desaparecidas, y la necesidad de hacer justicia y aprender de lo ocurrido para que no vuelva a repetirse. No es arbitrario que sean nuestras representantes a los premios Oscar y Goya, respectivamente, y que tengan posibilidades de ser premiadas.

Son obras de gran factura que debieran ser vistas también en municipios, colegios, universidades e institutos, como está ocurriendo con «Gloria del Pacífico», de Juan Carlos Oganes, que fue estrenada en muy pocas salas y que aprovecha un filón sorprendentemente desperdiciado: las películas épicas sobre nuestra historia, preñada de muchos hechos dignos de ser contados. El director pretende realizar dos obras más sobre las gestas de Cáceres y Grau, y esperamos, sinceramente, por el bien de nuestro cine, que pueda lograrlo. También esperamos que su opera prima pronto pueda ser vista en Piura, en el marco de la gira nacional que sus productores impulsan, a falta del apoyo de las salas comerciales.

«Hija de la laguna», de Ernesto Cabellos, estrenada en agosto, es un claro ejemplo de las grandes posibilidades que la realidad peruana le brinda al género documental y que debieran ser explotadas al máximo, con el apoyo de las instituciones públicas nacionales, regionales y locales, especialmente las dedicadas al estudio e investigación social. De ese modo será posible promover un diálogo que permita escuchar nuevas voces y contar con un debate más plural sobre los grandes problemas del país.

La quinta a destacar es «Como en el cine», de Gonzalo Ladines, que recrea la precaria situación de quienes luchan por dedicarse a hacer películas en Lima y que, desde la comedia, también aporta a la reflexión sobre la importancia del cine y del arte para el fortalecimiento de la personalidad y la convivencia social. Un producto de este tipo y calidad es mucho más importante si se toma en cuenta que representa también a una nueva generación de cineastas.

No obstante, también deberíamos poner atención al cine que se hace fuera de la capital, que es diverso y rico en historias y en sus formas de contarlas. Como contraparte, hay películas fallidas que deben servir a sus autores para aprender y reencausar. Por ejemplo, la poca acogida que tuvo «Cementerio general 2» en relación con la primera ha demostrado que no se puede persistir en el cliché solo porque funcionó antes. «Lusers» demostró que no basta con un actor popular para hacer una película aceptable. «Al filo de la ley», que el público es sensible a los malos guiones y a las malas actuaciones, y que no correrá a las salas solo porque se les ofrezca el desnudo de una actriz bella y mediática. Por su parte, «El pequeño seductor» y «Macho peruano que se respeta» nos enseñaron que hacer una comedia no es solo juntar y pegar sketchs.

Conviene a los realizadores tener en cuenta lo que nos deja el 2015 para mejorar sus posibilidades de aceptación en el 2016. Aunque parezca difícil, el reto es ofrecerle al público ideas nuevas, nuevos puntos de vista, historias profundas y bien contadas y, sobre todo, respeto.

(Publicado en el suplemento SEMANA del diario El Tiempo de Piura, el 13 de diciembre de 2015.)

Anuncios

Un comentario Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s