CINCO ESQUINAS

Mario Vargas Llosa inicia el mes de su octogésimo cumpleaños publicando «Cinco esquinas», la última de sus casi sesenta obras y su decimoctava novela, la «más improvisada» de ellas, como él mismo ha señalado. En ella Lima y el Perú vuelven a ser protagonistas y centro de su reflexión.

Cincuenta y tres años después de su primera novela («La ciudad y los perros»), «Cinco esquinas» comparte con ella y otras como «La casa verde», «Conversación en La Catedral» o «Pantaleón y las visitadoras» evidentes puntos de conexión. Ello no es extraño en un autor caracterizado por sus demonios más recurrentes: el disfrute de la sexualidad como canal de liberación, las posibilidades del periodismo como el más vil de los oficios, la estratificación social y sobre todo el impacto negativo de las dictaduras en la vida de la gente ordinaria y principalmente de los más débiles.

Técnicamente hay una vuelta al recurso de los diálogos secuenciales que se mezclan armónicamente en distintos espacios y tiempos. Este es un recurso utilizado por primera vez en «La Casa Verde», de una clara influencia cinematográfica en la que diferentes voces construyen una voz coral que profundiza un gran mensaje, como ocurre en el Capitulo XX, «Un remolino», punto de confluencia de las diferentes historias que dan forma a la obra. Destacan también sus sólidos recursos para generar suspenso al final de cada capítulo y mantener la atención. Para ello intercala diferentes puntos de vista, los de Marisa y Chabela, los de Rolando Garro, La Retaquita y Ceferino Argüello, los de Enrique Cárdenas y Luciano Casasbellas y el de Juan Peineta. Esto es, las perspectivas del mundo de dos mujeres casadas de alta sociedad que tienen una experiencia lésbica, retrato de la libertad que da el placer sexual. También, el de dos yuppies, sus maridos, más reacios a abandonar sus hipocrecías; al del periodismo amarillista y basto del semanario sensacionalista «Destapes», capaz de recurrir al chantaje para servirse a sí mismo y a la dictadura; al de un viejo artista, un exrecitador, en completo abandono.

Todas estas historias tienen como telón de fondo la etapa de mayor poder de la dictadura de Alberto Fujimori (mencionado apenas) y del terrorismo, que se concreta, casi como un personaje, en el toque de queda, mecanismo de igualación de estratos sociales, capaz de afectar y atemorizar por igual a pobres y a ricos. Por primera vez Vladimiro Montesinos aparece como un personaje de carne, hueso y voz propia, y esto es un hecho notable en el mundo vargasllosiano.

En este contexto la involución del país está graficada en el título de la novela. «Cinco esquinas» es un lugar de Barrios Altos, en el centro de Lima donde por la informalidad de las construcciones confluyen cinco calles, al igual que confluyen las historias de la novela. Es un barrio que en sus mejores tiempos albergó a las familias más pudientes, a las embajadas más importantes y a los artistas más influyentes, como Felipe Pinglo, mencionado reiteradamente. Sin embargo, en la época de la novela ya es completamente decadente, refugio de mendigos y delincuentes, símbolo de inseguridad y descuido, y basurero donde los esbirros del gobierno pueden abandonar sin riesgo a un pobre e inocente hombre asesinado.

«Bien vengas, mal, si vienes solo» (pág. 169) es una especie de leivmotiv de la historia: las dictaduras no son solo un mal que se queda en el manejo político del gobierno sino que inevitablemente se meten, primero por rendijas y luego por ventanas y puertas principales, en la vida privada de las personas. El periodismo es un arma, de las más importantes, pero solo una, para ello. «No pierdas el tiempo buscando quién tiene la culpa de lo que ha pasado. ¿Sabes quién la tiene? Ni tú ni yo, ni siquiera el jefe. La tiene el trabajo que hacemos. Basta con eso.» (pág. 178) dice la Retaquita, una periodista amarillista altamente eficiente. El Doctor,  Montesinos, dice luego: «(…) era indispensable que supieras lo que está en juego (…). Algo más grande que tú y yo. El poder. Con el poder no se juega, amiguita. Las cosas son siempre, al final, de vida o muerte cuando está en juego el poder.» (pág. 250-251).

Vargas Llosa vuelve a sus temas de siempre. Lo hace, tal vez, con menos bríos que en sus obras mayores, pero es en obras como esta que demuestra su grandeza, pues, incluso cuando escribe algo menor escribe gran literatura. A sus ochenta años, y a punto de ingresar a la legendaria colección francesa de La Pléiade, honor que en castellano comparten solo Jorge Luis Borges y Octavio Paz,  sigue gozando de una vívida juventud literaria y «Cinco esquinas» es la prueba de que tal como él quería no se ha convertido en una estatua luego de ganar el Premio Nobel.

(Publicado en el suplemento SEMANA del diario El Tiempo de Piura el 13 de marzo de 2016.)

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