LA CARTELERA EN PIURA

Antes del 2003, año en el que se inauguró el primer multicine en Piura, solo había una pantalla, la del Teatro Municipal. Entonces, las expectativas de contar con una cartelera variada fueron muy altas y lo fueron más cuando, con el paso de los años, abrieron tres multicines más en modernos centros comerciales. Esas expectativas, sin embargo, han sido defraudadas, pues a pesar de que la ciudad cuenta con 25 pantallas y más de un centenar de funciones al día, la cartelera suele contar con las mismas cuatro a siete películas. Y solo por excepción alguna de ellas es destacable.

El cine no es —no debe serlo— un entretenimiento elitista. Tampoco debemos cargarle la función de ser un vehículo principal de educación, reflexión, o de tratamiento de los temas profundos de la sociedad o la vida. El cine es, fundamentalmente, un gusto adquirido, un entretenimiento. Si bien tiene un enorme potencial para transmitir mensajes y para sintetizar el espíritu de una sociedad determinada o de una época, como en todo arte, hay obras que funcionan mejor que otras, hay buenas, medianas y malas películas, hay filmes que aportan a nuestro crecimiento personal y otras que no.

Lo que viene ocurriendo en todo el mundo es que el cine se ha vuelto un negocio millonario que cada vez funciona más bajo las reglas del mercado de consumo de mercancías que del arte. Por ello, es entendible que los estudios cinematográficos, las distribuidoras y las cadenas de cine prefieran aquellas películas que les garanticen una mejor taquilla. Que funcione así, en principio, no es totalmente negativo. El buen cine viene sobreviviendo más o menos bien en esas condiciones en las últimas dos décadas. Pero, lamentablemente, existe un serio riesgo de que no lo siga haciendo si no se logra un equilibrio entre taquilla y calidad cinematográfica. Sin un buen cine, el cine a secas también se perjudica.

Es claro que el éxito de taquilla y la calidad no siempre van juntos. Hay excepciones, como lo demuestra películas hoy en cartelera (la notable «Intensa-mente», en primer lugar, y «Jurassic World» y «Terminator Génesis», en un nivel menor). Pero son pocos casos. La mayoría de éxitos de taquilla han carecido de valor cinematográfico, como «Asu mare» I y II y «A los 40», en el caso de las peruanas, y la mayoría de películas de terror que llegan al país (por ejemplo está en cartelera una muy redundante, titulada «La casa del demonio»). No proponemos prescindir de este tipo de películas, pues tiene un público y este también merece respeto, consideración y atención, y porque, en muchos casos tienen algo que destacar (una escena, una canción, una actuación). Pero es necesario no quedarse allí.

La capacidad de apreciar buen cine, como en la buena literatura, requiere de una formación básica. Y esta formación no se logra llenando las salas de taquillazos insustanciales. Si la industria en Piura como en el mundo depende de la taquilla se haría bien en aumentar las ventas de entradas, pero para que ello ocurra se requiere una mejor oferta, que agregue a los consumidores de cine chatarra a los consumidores del otro cine, absolutamente descuidados hoy.

Sería un importante avance que, digamos, diez de las más de cien funciones semanales se dedicaran a películas entretenidas, que sin ser de festival, no sean blockbusters. Pienso, por ejemplo, en la inglesa «La dama de oro», protagonizada por la enorme Helen Mirren, o en la francesa «Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?», una comedia ligera que tiene como telón de fondo una honda crítica contra el racismo en Europa. Al menos, en Lima (donde la cartelera es menos opaca), películas como estas o dramas interesantes como «Promesas de vida», con Russel Crowe en el protagónico, o «No llores, vuela», de la directora peruana Claudia Llosa, permiten al público mayores posibilidades. Y no se diga de películas no comerciales de muy alto nivel, proyectadas en los contados festivales, filmotecas, cines universitarios o centros culturales. Durante este mes en San Isidro hay una muestra de Orson Welles y una selección de cine iberoamericano en el centro de Lima, que incluye títulos imperdibles como las brasileñas «Central de Brasil», «Ciudad de Dios», la argentina «El secreto de sus ojos», la mejicana «Y tu mamá también», la colombiana «La estrategia del caracol» y la chilena «Cachimba».

¿Por qué Piura no podría tener una oferta, aunque sea, parecida? Ciertamente, el Estado también tiene una importante función. ¿Por qué no pueden, por ejemplo, el Ministerio de Cultura y los gobiernos locales y las universidades mantener una pantalla en cada región dedicada a cine no comercial peruano y de otros países? Una iniciativa de este tipo podría, incluso, contar con la colaboración de muchas embajadas interesadas en promover sus cines nacionales. Y ayudaría a la industria peruana y a las propias salas de cine a ampliar su mercado y a crear un público más fiel con el cine que el que acude a ver taquillazos.

Si no se busca un equilibrio entre el cine como negocio y el cine como arte, la situación de Piura seguirá siendo esencialmente la misma que en el 2002. El crecimiento económico  debe servir también para que las industrias culturales crezcan, sobre todo en calidad y alcance. Sería muy bueno que las salas comerciales empiecen a poner de su parte. Por lo demás, no se les pide grandes riesgos.

(Publicado en el suplemento SEMANA del diario El Tiempo de Piura el 12 de julio de 2015.)

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