EL GRAN PEQUEÑO (“LITTLE BOY”)

Esta es una película ambiciosa que aborda temas complejos y duros vinculados con la Segunda Guerra Mundial, poco comunes en los filmes “familiares”. Su título original, más explícito que su traducción al español, hace referencia no solo al tamaño del niño protagonista sino a la bomba atómica que fue lanzada sobre Hiroshima, Japón, en 1945.

Su ambición no queda allí. También es una de las pocas películas difundidas en Estados Unidos que aborda, aunque sea de modo tangencial, la existencia de campos de concentración para japoneses en tierras norteamericanas, un tema que hasta hoy es tabú en ese país. Cuenta además con un reparto excepcional para una producción latinoamericana, que incluye a actores de primer nivel como Tom Wilkinson (el padre Oliver) y Emily Watson (Emma Busbee, la madre), además del taquillero, aunque intrascendente aquí, Kevin James (el doctor Fox). Aunque ha sido grabada en inglés, el 90% de su presupuesto (26 millones de dólares) ha sido financiado por fondos mejicanos, por lo que aunado al origen del director es, en estricto, una película mejicana.

LA PROPAGANDA RELIGIOSA EN EL CINE

«El gran pequeño» combina varios géneros. Por su estilo, es un drama familiar con toques de comedia; por su tema, es una película histórica que recrea una etapa de la vida americana vista desde un pequeño pueblo de California. Al mismo tiempo es una película sobre niños, de las cuales existen grandes obras, como «Los 400 golpes», «Cinema Paradiso», «La vida es bella», y en nuestro idioma el «Espinazo del diablo» o «El laberinto del fauno». Pero, por encima de ello, es una película de propaganda religiosa.

El productor Eduardo Verástegui (Xicoténcatl, Tamaulipas, México, 1974), es un caso emblemático de conversión personal. Fue un cantante (del olvidado grupo Kairo), actor de mucha fama, sobre todo en telenovelas mejicanas, y un cotizado modelo de Calvin Klein. En la cúspide de su carrera decidió dejarla por considerarla mundana y por tanto incompatible con su nueva fe católica, cuya difusión ha convertido en su razón de ser. Fundó la productora Metanoia Films (palabra derivada del griego que significa «corregir el camino») y se dedicó a producir películas de tipo religioso, una de las cuales, «Bella» (también bajo la dirección de Alejandro Monteverde), fue premiada en el Festival de Toronto.

Este ímpetu lo trajo a Piura en el 2012, junto con el actor David Henrie (que en este filme hace de London Busbee, el hermano adolescente), como parte de la congregación religiosa «El manto de la Virgen de Guadalupe». En esa oportunidad hasta se dio tiempo para actuar como Jesús de Nazareth en el Vía Crucis representado en el centro poblado de San Jacinto, La Legua, Catacaos. Hace poco anunció que estrenará un documental grabado en dicha visita, que tendrá como protagonistas a otro niño, un piurano de 10 años de nombre Jesús, y a su abuelo José, lo que nos genera mucha expectativa. 

Dadas las convicciones del productor la película esté dedicada a desarrollar dos ideas centrales de la religión católica, tomadas de las propias palabras de Jesucristo: «A menos que ustedes se vuelvan y lleguen a ser como niños, de ninguna manera entrarán en el reino de los cielos» (Mateo 18:3), y «Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a este moral: ¡Sé desarraigado y plantado en el mar!, y les obedecería.» (Lucas 17:6). Esta última cita, adaptada a la frase popular «la fe mueve montañas» es utilizada como hilo conductor de las acciones del pequeño Pepper Busbee, el «Little boy», quien como el niño modélico que se acerca a Dios llega a comprar semillas de mostaza y se dedica a cumplir una lista de acciones cristianas entregada por el padre Oliver, creyendo que así acrecentará su fe.

Bajo este parámetro rígido y claro el guion es absolutamente funcional y pondrá frente a nuestros ojos la historia de un niño que hace lo imposible para que obre, como consecuencia de sus propias acciones, un milagro que haga que su padre, su único amigo, regrese sano y salvo de la guerra. La película es una reflexión un poco trillada sobre el valor de la fe y las dificultades que enfrenta el hombre para fortalecerla en un mundo signado por duras pruebas (hay algo del Libro de Job, por supuesto).

Si usted es creyente, seguramente disfrutará de la película. Si no lo es, estará menos dispuesto a pasar por alto su previsibilidad, su tono aleccionador y el estereotipo en el que caen casi todos los personajes. Por lo demás, es una obra solvente técnicamente, que si bien no llega a satisfacer del todo, tiene momentos muy bien logrados, entre ellos, las secuencias del bullying contra Pepper, que se ponen en contrapunto con el combate de la patrulla de su padre en Filipinas. Otro buen contrapunto se da entre la agresión que sufre Hashimoto y el peligro de muerte del padre en la guerra. También destaca la puesta en escena de las historias fantásticas que comparten padre e hijo al inicio del filme, la historia del pequeño samurai Masao-kume y las secuencias en las que se muestra la explosión atómica.

A decir verdad, es una buena noticia que una película de propaganda religiosa contribuya a mejorar la precaria variedad de la cartelera piurana.

(Publicado en el suplemento SEMANA del diario El Tiempo de Piura el 23 de agosto de 2015.)

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